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No basta con saber nuestros derechos, hay que honrar nuestros debere

13 de octubre de 2025 9:51 am Leído
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Por Hilda Patricia Lagombra Polanco
Vivimos en una época en la que todos hablamos de derechos. Se reclaman en las calles, se
publican en las redes, se enseñan en las aulas y se exigen en los tribunales. Y está bien que
así sea. Una ciudadanía informada y consciente de sus derechos es una sociedad que
avanza. Pero hay algo que solemos olvidar, que los derechos no caminan solos. Van
siempre tomados de la mano de los deberes. Y cuando soltamos esa mano, el equilibrio se
rompe.
Nuestra Constitución Dominicana, sabia y previsora, lo recuerda con firmeza en su artículo
75, donde establece los deberes fundamentales de las personas. Allí se nos recuerda que
los derechos no son una licencia para hacer lo que queramos, sino una responsabilidad
compartida que obliga la conducta de hombres y mujeres en sociedad.
Cumplir y respetar la Constitución no es una frase hueca; es el punto de partida de la
convivencia. Quien exige justicia, pero ignora la ley, se contradice a sí mismo. Quien
demanda respeto, pero no respeta las normas, no construye ciudadanía. La democracia no
puede sostenerse solo con derechos; necesita de ciudadanos que también comprendan sus
deberes.
Uno de esos deberes es votar, participar en el destino del país. No es solo un derecho
político, es un acto de amor cívico. Quien no vota renuncia a su voz y luego se queja del
eco. La Constitución nos llama a ejercer ese deber con conciencia, sabiendo que cada voto
define el rumbo de la Nación y el valor de nuestras instituciones.
Otro deber fundamental es tributar conforme a la ley. No se trata solo de pagar
impuestos, sino de entender que cada peso que aportamos sostiene escuelas, hospitales,
carreteras y seguridad. No se puede exigir un Estado fuerte si lo debilitamos con la evasión
o la indiferencia. Cumplir con ese deber es parte del compromiso moral de todo ciudadano
que ama su país.
También se nos recuerda el deber de trabajar dignamente, de ganarse el sustento con
esfuerzo y honradez. El trabajo no solo alimenta el cuerpo, también eleva el espíritu. Es la
forma más noble de contribuir al bienestar de la familia y al progreso colectivo. En un país
como el nuestro, donde tantos luchan día a día por oportunidades, cumplir con ese deber es
sembrar esperanza.
La educación es otro de los pilares. No basta con exigir más escuelas o mejores programas;
debemos asistir, aprender, enseñar y multiplicar el conocimiento. Un pueblo instruido no se
manipula, no se vende, no se rinde. La educación no solo es un derecho que el Estado debe
garantizar, sino un deber ciudadano que cada familia debe promover.
Nuestra Constitución también nos pide actuar con solidaridad, responder ante la
calamidad y proteger el ambiente. No se trata solo de donar o ayudar cuando hay

desgracias; se trata de vivir con empatía, de entender que la patria es más grande que uno
mismo. Cuidar los recursos naturales, preservar la cultura dominicana y fortalecer la
democracia son deberes que dignifican.
Saber nuestros derechos nos da poder; cumplir nuestros deberes nos da honor. El
ciudadano que exige sin aportar, que reclama sin cumplir, que demanda sin servir, no
construye República, la debilita. La libertad se alimenta de la responsabilidad.
Ser dominicano no es solo nacer aquí; es cumplir con la tierra que nos vio nacer. Es respetar
las leyes, votar con conciencia, trabajar con honestidad, estudiar con empeño, cuidar al
prójimo y proteger la patria. Solo así podremos decir, con legítimo orgullo, que ejercemos
plenamente nuestra ciudadanía.
Porque los derechos nos definen, sí, pero los deberes nos ennoblecen.

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