¡Le chubaron los perros al “borrón y cuenta nueva”!

Andrés Brito

Con los apresamientos de los exfuncionarios del gobierno de Danilo Medina, ya la
promesa de campaña del gobierno de Luis Abinader, en lo relativo al tema judicial, ha
pasado de las palabras a los hechos.
Entre euforia y algarabía, para unos, confusión y perplejidad, para otros, aflora un
legítimo escepticismo de si realmente estos primeros imputados finalmente pudiesen
purgar una pena firme.
Cierto es, que la salud y prevalencia de la corrupción gubernamental en la República
Dominicana, ha descansado en los brazos amigos y cómplices de un ordenamiento
penal débil y permeable, que de manera negativa nos ha patentizado-según
Transparencia Internacional- como uno de los países más corruptos de la región.
Por ser la República Dominicana signataria de la Convención Interamericana Contra la
Corrupción-CICC-, la cual es de criterio que los Estados Parte están obligados a hacer
todos los esfuerzos para prevenir, detectar, sancionar y erradicar la corrupción en el
ejercicio de las funciones públicas y en los actos específicamente vinculados con tal
ejercicio, en los últimos años nuestro ordenamiento penal-encabezado por un Código
Penal del siglo XIX, que ni siquiera contempla la palabra corrupción-ha sido apalancado
por una serie de leyes especiales, que no sólo contemplan y definen esta figura
jurídica, sino que la sancionan con penas de cierta rigurosidad. Tal es el caso de: Ley
120-01(Código de Ética del Servidor Público); 311-14(Declaraciones Juradas de
Bienes); 200-04(Libre Acceso a la Información Pública); 41-08(Función Pública); 5-07(
Sistema de Administración Financiera del Estado); 126-01( Dirección General de
Contabilidad Gubernamental);155-17( Lavado de Activos y el Financiamiento al
Terrorismo); 340-06( Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios, Obras y
Concesiones, modifica por la ley 449-06).
Gran oportunidad tiene nuestro ordenamiento penal actual-¡claro, si se le aportan
pruebas indestructibles!, de fría y elegantemente destruir la presunción de inocencia de
los primeros imputados por corrupción gubernamental en el reinado del “Ministerio
Público independiente”; y como consecuencia de ello nosotros poder rememorar con
júbilo una de las frases célebres del inmortal Dante Allighieri, en su monumental Divina
Comedia: “Tras sus daños vendrá el llanto originado por el justo castigo”
Y de consumarse la sanción esperada, al mismo tiempo la justicia penal dominicana le
regale a nuestra sociedad la reflexión inobservable de la escritora estadounidense, de
origen ruso, Alissa Zinovievna: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener
autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes
no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el
soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos,

sino, por el contrario, son ellos lo que están protegidos contra ti; cuando descubras que la
corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás
afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.

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