La actual vicepresidenta de Estados Unidos y candidata demócrata a la Casa Blanca, Kamala Harris, se enfrenta este miércoles a una amarga derrota después de que el expresidente republicano Donald Trump se haya erigido como ganador virtual de las elecciones presidenciales tras superar con creces los 270 votos electorales, el umbral necesario establecido por la ley.
Harris, que partía como la única solución posible para hacer frente a un rival político que, en sus propias palabras, supone "un peligro para el país y el bienestar de todos los estadounidenses", no ha logrado zafarse del estrecho vínculo que la une aún al presidente, Joe Biden, que se retiró de la carrera electoral hace tan solo cuatro meses.
Con muy poco tiempo para perfilar su campaña, Harris se ha centrado en cuestiones ya conocidas para los votantes demócratas y que la perfilaban más como una figura de continuidad que como una política rompedora y favorecedora del cambio.
A nivel interno, Harris ha abanderando cuestiones como la defensa de las mujeres, las personas racializadas y los derechos de la comunidad LGTBI, y ha reivindicado la lucha contra la desigualdad y la importancia de salvaguardar el acceso al aborto y a asistencia sanitaria.
Su bagaje personal y su historia familiar han hecho de la cuestión migratoria un dolor de cabeza para la candidata a pesar de figurar entre las principales preocupaciones del electorado, más proclive a medidas contundentes que frenen el flujo migratorio en la frontera.
Aunque ha recibido críticas por sus supuestos cambios de opinión en materia política, Harris ha seguido defendiendo que esto responde únicamente a una "evolución" y ha asegurado que sus valores "no han cambiado", si bien gran parte de la campaña se ha centrado en alertar del peligro que supondría un nuevo mandato de Trump, que ya estuvo al frente del país entre 2016 y 2020.



