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FITUR Madrid y la pregunta que Puerto Plata no puede esquivar

21 de enero de 2026 8:32 am Leído
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Por Hilda Patricia Lagombra Polanco
Cada enero Madrid se convierte en el gran mercado del turismo mundial. FITUR no es una
fiesta ni un acto protocolar. Es una feria con un fin claro vender destinos, cerrar acuerdos,
posicionar marcas país y definir el pulso del turismo que viene. Allí se va a negociar futuro,
no a improvisar presente. Por eso, cuando Puerto Plata pisa ese escenario, debe hacerlo con
propósito, con mensaje y con objetivos medibles.
El fin de la feria es concreto. Conectar destinos con mercados emisores, atraer inversión,
fortalecer rutas aéreas, diversificar la oferta y colocar narrativas que convenzan a un turista
cada vez más exigente. FITUR es una vitrina global donde el que no sabe qué vende
termina siendo parte del paisaje. Y el paisaje, por muy bonito que sea, no firma contratos.
Puerto Plata tiene historia, belleza natural y una resiliencia admirable. Ha sabido levantarse
y relanzarse. Pero FITUR no perdona la falta de claridad. Allí no basta decir estamos de
moda. Hay que explicar por qué y para qué. Hay que mostrar qué hace distinto al destino y
cómo se sostiene en el tiempo. Porque el turismo que solo crece en números y no en
calidad, termina pasando factura.
Desde una mirada personal, sin cargos ni formalismos, surge una pregunta legítima. ¿Qué
funcionario está realmente en FITUR y para qué fue? No es una interpelación institucional,
es una inquietud ciudadana. Porque en una feria de esta magnitud deberían estar quienes
deciden, quienes negocian y quienes luego dan la cara por los resultados. No acompañantes
sin agenda, no delegaciones infladas donde nadie sabe quién responde por qué. En turismo,
como en la vida, la responsabilidad sin nombre es la antesala del fracaso.
La pregunta no busca ruido, busca claridad. ¿A quién le explicarán lo logrado cuando
regresen? ¿Quién asumirá con serenidad lo que no se logró? Porque si no hubo metas claras
antes de viajar, difícilmente habrá resultados que mostrar después. FITUR exige
preparación, agenda definida y seguimiento serio. Sin eso, todo se reduce a fotos bonitas y
discursos reciclados.
Hay además un silencio que inquieta. Cuando en FITUR pregunten por el ícono de Puerto
Plata, ¿cuál será la respuesta? ¿Diremos el teleférico y sabremos explicar su valor histórico,
su impacto cultural y su proyección futura? ¿O se esquivará el tema con frases cómodas
mientras el ícono sigue cerrado y sin relato claro? El teleférico no es solo una estructura. Es
memoria, identidad y una promesa pendiente. En una feria internacional, las ausencias
también hablan.
Puerto Plata no es solo Punta Bergantín. Punta Bergantín es un proyecto relevante, con
potencial, pero el destino es mucho más amplio y profundo. Puerto Plata es su centro
histórico, su malecón, sus montañas, sus ríos y sus comunidades. Es Sosúa con su playa, su
historia migrante, su peso turístico y también sus retos de orden, convivencia y reputación
internacional. Es Cabarete con su energía deportiva y su proyección juvenil. Es una
provincia diversa que no puede resumirse en un solo punto del mapa.

Excluir a Sosúa del discurso o maquillarlo con silencios es un error estratégico. Sosúa es
parte esencial del relato de Puerto Plata. Allí se juega buena parte de la percepción
internacional del destino. Hablar de Sosúa en FITUR exige honestidad, acciones concretas
y una visión clara de orden y sostenibilidad. El mundo ya no compra postales incompletas.
Pregunta, compara y exige respuestas.
FITUR demanda coherencia entre lo que se dice afuera y lo que se vive adentro. No se
puede vender encanto si se tolera el desorden. No se puede hablar de turismo familiar si se
ignoran los problemas que afectan la convivencia. No se puede prometer sostenibilidad sin
planificación ni control. El turista actual no compra cuentos, compra coherencia.
La tradición turística dominicana ha sido hospitalaria y firme. Ese valor se honra. Pero el
futuro exige más. Exige datos, estrategia, rendición de cuentas y carácter. FITUR es una
herramienta poderosa si se usa bien. Un riesgo costoso si se usa mal.
Madrid abre el escenario. El mundo pregunta. Puerto Plata, con Sosúa incluida, debe
responder con verdad, con rumbo y con carácter. Porque al final, la feria pasa, las luces se
apagan y queda lo único que importa. Los resultados. Todo lo demás es ruido elegante.

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