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El presidente Luis Abinader comparecerá el miércoles, por quinta vez desde que asumió la presidencia, en el debate de la Asamblea General de la ONU en Nueva York donde, como lo anunció previamente, la crisis en Haití será, como todas las veces anteriores, uno de los temas que abordará.

23 de septiembre de 2025 4:56 pm Leído
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Aunque no albergamos grandes expectativas respecto a lo que pueda lograr con su alocución porque sabemos, y lo señalábamos en el editorial del pasado miércoles 17, que la ONU ha perdido toda eficacia, allí nadie escucha a nadie y cada país llega con una posición tomada y eso es lo que defiende y vota.

No significa que nuestro mandatario deba renunciar a llamar la atención sobre una situación que puede desbordar las fronteras de Haití, cuya inestabilidad política y social, y su tragedia medioambiental, constituyen una amenaza para toda la región.

Esa realidad torna imperativo que la comunidad internacional la acoja como una cuestión de alta prioridad y de permanente seguimiento.

Tampoco debe Abinader desdeñar ese escenario porque en torno a este se generan importantes contactos bilaterales al más alto nivel, que privilegian y tienen como eje a los países de la región, para una efectiva integración de los pueblos latinoamericanos y del Caribe.

Y pese a nuestro escaso peso en los grandes temas de la agenda mundial, y al delicado y confuso mapa geopolítico, debe cuidarse de adherir o alentar causas que no concuerden con el espíritu democrático y solidario del dominicano, ni arrimar el hombro a intereses espurios y específicos de otros países, sin importar cuáles sean.

En la primera gestión de Abinader (2020-2024) y en esta su segunda, la Política Exterior se ha manejado al servicio exclusivo de los intereses de la nación en lo económico, político, turístico y cultural, lo que atrae inversiones y eleva nuestra imagen.

No vemos razones, aunque las presiones son evidentes, para que en el 80 período de sesiones de la ONU el discurso sea diferente, por lo que debe esperarse de Abinader el mensaje de una Patria que jamás renunciará a su vocación de paz y de progreso.

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