Nacionales

Articulo de Felipe kenp

9 de septiembre de 2024 11:28 am Leído
Imagen predeterminada

En Puerto Plata el peatón no es gente

Pobre situación la del peatón en Puerto Plata. Ser asediado
constantemente por la vorágine amenazadora del tráfico, desconsiderado al
cruzar cualquier esquina, insultado a veces por choferes salvajes, amenazado con
ser engullido por el enjambre de motores que se esparce por toda la ciudad
desque que despunta el día.
Con la proliferación incontrolable de automóviles, con los espacios
peatonales invadidos cada vez más por la plaga de motores, el peatón se ha
convertido en el intruso, en la molestia de las calles en esta selva urbana que
todavía no podemos llamar ciudad. El peatón es un estorbo público no tomado
en cuenta por un cabildo que le ha cedido la ciudad enteramente a esa máquina
potencialmente letal que es el automóvil. Cualquier intento de organización, el
cacareado rediseño del casco histórico de la ciudad, se hace con el turista en
mente. A los que vienen de fuera se les presenta un simulacro de orden.
Si algo caracteriza a las grandes ciudades es el cuidadoso ordenamiento de
sus espacios públicos, los cuales se distribuyen en áreas de recreo y esparcimiento
y en áreas para el tráfico. Caminar en esas ciudades es una actividad relajante, a
veces casi trascendental. Pienso en las miles de caminatas que di por las aceras
de Nueva York, mientras escuchaba a lo lejos el susurro que dejaban los
automóviles al desplazarse velozmente por las amplias avenidas de Brooklyn o
Manhattan. De noche caía bajo el embeleso de la sincronización perfecta de las
luces de los semáforos o de la brisa invernal que me acariciaba el rostro.
En contraste con estas grandes urbes, donde se toma en cuenta al
caminante, una caminata por Puerto Plata se transforma diariamente en una
actividad estresante. El primer asedio es de los motoconchistas en busca de
pasajeros. Luego viene el crescendo atormentador de vehículos que no se
detendrán ante nadie, el taponamiento de las avenidas por exceso de
automóviles, el exceso de velocidad de motoristas agazapados en sus motores,
mostrando, con el cuerpo inclinado hacia un lado, su temeridad irreflexiva o
levantando peligrosamente sus motores sobre una sola rueda, en un vulgar
despliegue de estúpido exhibicionismo narcisista. Uno continúa hacia el corazón
de la ciudad caminando por aceras en su mayoría agrietadas u ocupadas por
vehículos cuyos dueños las convierten en áreas de estacionamiento o por

Noticias Relacionadas