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La cultura idiota (I) Felipe kemp

9 de abril de 2025 12:03 pm Leído
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Allí, frente a las cámaras de televisión, estaba, una vez más, la reina y señora de la
vacuidad y lo insulso. En esta ocasión, tal vez por un agotamiento momentáneo de su
repertorio de consabidas confesiones personales, desviaciones conductuales de todo tipo,
aberraciones sexuales y sociales con las que deleitaba a su público ávido de consumir estas
sandeces, echó mano a un tópico que debería figurar en una antología de la trivialidad y la
estupidez mayúsculas: “LO QUE HACE LA GENTE ANTES DE ACOSTARSE”. Un tema tan
profundo, tan enjundioso, tenía que ser acompañado, naturalmente, de la apropiada
indumentaria. Por consiguiente, sentada sobre el suelo del estudio, enfundada en un pijama y
acompañada por dos parejas de casados vestidos también en pijamas, nuestra gran heroína
cultural invitaba a su público idiotizado por esta dieta de estupideces a que se embruteciera
una vez más con otra dosis de banalidad e imbecilidad.
El párrafo anterior es una breve descripción de uno de los tantos programas televisivos
que, diariamente, difundía por la cadena televisiva UNIVISION, Cristina Saralegui, quien era en
la televisión en lengua española el epítome de una banalización de la televisión de nuestro
tiempo y que el periodista norteamericano Carl Berstein definió como “la cultura idiota”.
La cultura idiota ha florecido rápidamente en los nuevos medios electrónicos por ser
ellos los más poderosos medios de comunicación de masas de que dispone la humanidad en
nuestro tiempo. Y los talk shows, o los reality shows se han convertido en la galería en la que
mucha gente, queriendo salir de la mediocridad de sus vidas anodinas, acude voluntariamente
a exhibir las manifestaciones más depravadas de la conducta humana.
¿Cuál es el origen de este género televisivo del que no parece saciarse el público?
Muchos críticos de televisión se han ocupado de estudiar el tema, pero de todos ellos, hay una,
la escritora uruguaya, Cristina Peri Rossi, que ha ofrecido una explicación que me parece la más
plausible y lúcida. Para la señora Rossi, autora de un artículo titulado “la televisión
espectacular”, el surgimiento y éxito de los talk shows tienen una raíz sicológica. Hasta hace
poco, explica Rossi, la televisión era el dominio casi exclusivo de los héroes culturales, políticos
y deportivos. La pantalla chica solo se fijaba en la gente común cuando esta era víctima de
grandes desastres naturales o colectivos. En conglomerados sociales como los que existen en
las grandes capitales del mundo, continúa explicando Rossi, la gente se ve reducida al
anonimato y hasta a una existencia invisible.
Todo lo anterior empezó a cambiar con el advenimiento de la televisión y con la
creación de los grandes medios de comunicación electrónicos. Los productores de televisión
empezaron a facilitarle la expresión a esa gran masa de personas quienes, motivadas por ese

deseo de reconocimiento que es innato en la conducta humana, no ponen objeción a hablar
públicamente de sus intimidades en frente de miles de telespectadores. De esa manera, de
acuerdo a Rossi, surgió ese género televisivo que se ha convertido en la galería donde se
exhiben los valores más bajos de nuestras sociedades.
Rossi hace dos afirmaciones que me parecen las más importantes en toda su discusión
sobre el tema. Una de ellas es la que afirma que con el talk show, la televisión se desacralizó, es
decir, el género ha permitido que la televisión esté, prácticamente al alcance de cualquiera.
También asevera que los talk shows y los reality shows han convertido la vulgaridad en un valor
social aceptable, es decir, si todos somos vulgares, está bien ser vulgar.
Chulos de la peor calaña, prostitutas con ínfulas de artistas, miembros de gangas, atletas
sexuales, y antihéroes de todo tipo constituyen parte de la dieta televisiva que consume
vorazmente ese público que todas las tardes sintonizaba a los productores de estos programas
que no parecían saturarse de tanta estupidez.

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