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¿Qué funciona en este país?

24 de septiembre de 2025 12:07 pm Leído
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¿Qué funciona en este país?
Felipe Kemp

La perfección es imposible de alcanzar en cualquier actividad humana. Pero si esto es
cierto, también lo es el hecho de que la búsqueda de la perfección, la cual es inalcanzable,
conduce a la excelencia. Ante los frecuentes escándalos de corrupción que frecuentemente
revela la prensa nacional, uno se pregunta cuál de las instituciones principales de este país
funciona con un máximo de eficiencia. La conclusión es desalentadora: en nuestro país la
mayoría de las instituciones vuela a media máquina.
Para empezar, la infraestructura del sistema educativo adolece de profundas
deficiencias. Todos los años, los canales nacionales de noticias transmiten, al principio de cada
año escolar, reportajes en los que se ve a niños recibie
+6ano por la Calidad de la Educación
afirma que “la realidad que enfrentan las escuelas públicas en el país evidencia una serie de
déficits críticos en infraestructura que incluyen aulas en estado precario, falta de mobiliario
adecuado, insuficiencia de materiales educativos y medios tecnológicos necesarios para una
educación moderna y equitativa”. Más adelante afirma que El Ministerio de Educación ha
manejado un presupuesto astronómico que sobrepasa los 900,000 millones de pesos en los
pasados cuatro años, cifra de la cual no se invirtieron en el sector educativo más de 46, 000
millones de pesos. La pregunta obligada es ¿a dónde fueron a parar esos 46,000 millones?
Recientemente, el director de la Asociación Dominicana de Profesores, (ADP) confirmó el
estado de situación crítica en el que se encuentra el sistema educativo dominicano, al afirmar
en una rueda de prensa que unos 400,000 niños dominicanos no recibirán educación este año
por falta de cupo, ya que no hay suficientes aulas para recibirlos.
Añádase a la falta de una adecuada infraestructura en el sistema de educación
dominicana la deficiente preparación de buena parte de los profesores que imparten docencia
en las escuelas tanto públicas como privadas de nuestro país. En esta tierra de excesiva
permisibilidad en casi todo, a muchos profesores se les permite hacer cosas que en otros países
serían motivo de una cancelación inmediata. He sabido de profesores que pasan todo el
período que debería dedicarse a la instrucción hablando de sus vidas personales, o usando sus
celulares en clase, mientras sus estudiantes pasivamente copian algo de sus libros. Otros ponen
a algún estudiante a copiar algo en la pizarra mientras ellos (los profesores) permanecen
sentados. Hacer que los estudiantes copien de sus libros sin explicar nada, sin estimular a la
discusión o al debate se ha vuelto un hábito en nuestro sistema educacional. Mientras el
sistema anglosajón usado en Estados Unidos y en otros países, exhorta al debate y al
pensamiento crítico, nuestro sistema educacional fomenta la pasividad y a la regurgitación de

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