Robar es tomar lo ajeno, es quitar una cosa a su dueño por medio de la violencia o de un engaño; la forma de sustraerlo depende de la necesidad, ambición, posición, de la ausencia de firmes valores morales y vacíos en la formación. Hay quienes roban con estrategia, fríamente calculada, usando testaferros, estableciendo negocios, fundaciones, etc.; otros son más rústicos: improvisan, desafían, actúan desesperados. En algunos funcionarios, administradores de los bienes del pueblo, la ambición se desborda al ver en su entorno la facilidad de tocar miles de millones de pesos.
Tranquiliza que a veces surja alguien con dignidad y coraje que los detenga; a otros, los somete a la justicia sin importarle que haya sido
Duele que los pobres confíen en alguien sin recursos económicos como ellos, pero con mucho talento; lo elijan para ocupar una alta posición desde donde los ayude, pero a los dos o tres años, esa persona se convierte en multimillonario, busca a su nueva clase -"los tutumpotes"- y se olvida de los "hijos de machepa", quienes mueren por falta de comida y medicina. Duele que le prometieran combatir la miseria, corrupción y trabajar por la justicia social, pero al llegar al poder lo usaron no solo para robar, sino para blindarse y enlodar la justicia; buscaron algunos jueces débiles y ambiciosos para formar Altas Cortes, que al igual que ellos fueran capaces de usar su poder para sacar ventajas personales.
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