
Por Hilda Patricia Lagombra Polanco
La historia de los pueblos no se construye únicamente con sus avances económicos, sus
monumentos o la belleza de sus paisajes. También queda definida por la actitud de sus
ciudadanos en los momentos en que la nación enfrenta sus mayores desafíos. Puerto Plata,
conocida como la Novia del Atlántico, posee una página singular en la historia dominicana,
al convertirse en uno de los escenarios donde la lucha contra la dictadura de Rafael
Leónidas Trujillo Molina encontró mayor firmeza y perseverancia.
Desde los primeros años del régimen trujillista, los puertoplateños dejaron evidencias de su
oposición. En 1930, en el municipio de Sosúa, se produjo el asesinato del agricultor José
Joaquín Pelegrín, conocido como Culula, considerado el primer crimen político de la Era de
Trujillo. Su muerte inauguró un período de represión que se extendería por más de tres
décadas y que alcanzaría a cientos de dominicanos cuya única falta fue pensar diferente y
aspirar a una nación donde prevalecieran los derechos y las libertades públicas.
Puerto Plata se convirtió en un bastión del antitrujillismo. Así lo han señalado
investigadores como el historiador Roberto Cassá, quien explica que la fortaleza de la
resistencia en esta provincia hizo que las acciones organizadas desde el exilio buscaran sus
costas y sus montañas como punto de apoyo. La expedición de Luperón constituye una
prueba de ello. Detrás de aquel intento por terminar con la tiranía existía una estructura
clandestina conocida como el Frente Interno, que tenía en Puerto Plata uno de sus
principales centros de organización.
En aquella gesta participaron valientes puertoplateños como el doctor Horacio Julio Ornes,
el ingeniero Hugo José Kunhardt, quien perdió la vida en la expedición, y Miguel Ángel
Feliú Arzeno, sobreviviente de aquella acción y quien posteriormente volvió a la lucha en
la expedición de 1959. Asimismo, hombres como Fernando Suárez y Fernando Spignolio
se enfrentaron con heroísmo a las fuerzas del régimen, siendo posteriormente asesinados. A
ellos se suman nombres como Félix La Hoz, Miguel Polanco, Pedro Borrero, Moisés
Suárez, los hermanos Antonio y Fernando Inoa Daniel, Tomás Diloné y muchos otros que
pagaron un alto precio por sus ideales.
La respuesta de la dictadura no se limitó a la persecución de los opositores. Trujillo también
castigó a Puerto Plata desde el punto de vista económico, reduciendo su importancia
comercial y portuaria. El desmantelamiento del Ferrocarril Central, la disminución de las
rutas marítimas y el traslado de importantes operaciones comerciales hacia Santo Domingo
formaron parte de una estrategia dirigida a debilitar una ciudad que históricamente se había
caracterizado por su pensamiento independiente.
La gesta de Constanza, Maimón y Estero Hondo del 14 de junio de 1959 volvió a encender
la esperanza de terminar con la dictadura. En honor a aquellos expedicionarios surgió
meses después el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, encabezado por Manolo Tavárez
Justo y Minerva Mirabal, una organización que logró reunir a hombres y mujeres de
distintas regiones del país comprometidos con el restablecimiento de la democracia.
Puerto Plata tuvo una presencia significativa dentro de este movimiento. Juan Moliné
Pichardo desempeñó un papel fundamental en la incorporación de numerosos
puertoplateños a sus filas. Entre sus integrantes se encontraban Germán Silverio Messón,
Miriam Morales, quien fue la única mujer puertoplateña encarcelada por su participación en
el movimiento, Fernando Cueto, Rafael Silverio Mesón, Juan Carlos Morales Capellá, José
Tomás Gómez, Félix Gerónimo Escaño Peña, Domingo Russo, Odalís Cepeda, Pedro
Clisante, Alejo Martínez, Rafael Báez Pérez, Ana Valverde de Leroux y otros hombres y
mujeres que asumieron los riesgos que implicaba enfrentar a uno de los regímenes más
represivos de América Latina.
Muchos de estos combatientes fueron apresados y trasladados a los centros de tortura del
Servicio de Inteligencia Militar, dirigido por Johnny Abbes García. La temida cárcel de La
40 se convirtió en el escenario de crueles interrogatorios, golpizas y desapariciones.
Algunos, como Leonel Jiménez Gordián y Leonardo del Valle, nunca regresaron a sus
hogares, quedando sus nombres inscritos en la memoria de las víctimas de la tiranía.
La caída de Trujillo no significó el fin del compromiso de los puertoplateños con las
grandes causas nacionales. En la Guerra de Abril de 1965, ciudadanos de esta provincia
participaron en la defensa de la constitucionalidad y del retorno al gobierno legítimo del
profesor Juan Bosch. Entre las figuras vinculadas a Puerto Plata resalta el coronel Francisco
Alberto Caamaño Deñó, símbolo del constitucionalismo dominicano, cuya familia tenía
profundas raíces en esta tierra, además de muchos combatientes que desde distintos frentes
contribuyeron a la defensa de la soberanía nacional.
Recordar el 14 de Junio significa comprender que la democracia dominicana tiene una
historia de sacrificios y de hombres y mujeres que asumieron el deber de enfrentar la
injusticia. Puerto Plata no fue una simple espectadora de esos acontecimientos; fue
protagonista de algunas de las páginas más trascendentes del siglo XX dominicano.
Hoy, la mejor manera de honrar a los expedicionarios de Luperón, a los integrantes del
Movimiento 14 de Junio y a los constitucionalistas de Abril es mantener viva su memoria y
transmitir a las nuevas generaciones el valor de una ciudadanía consciente, crítica y
comprometida con la defensa de la democracia. La Novia del Atlántico no solo contempla
el mar que le dio prosperidad; también conserva en su historia el legado de aquellos hijos e
hijas que demostraron que la dignidad de un pueblo jamás puede ser sometida.



