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palabras de patricia Lagombra a su padre Cheo en despedida durante la misa

21 de febrero de 2025 9:37 am Leído
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Queridos familiares, amigos, colegas y todos los presentes.
Hoy nos reunimos con el corazón afligido y la voz entrecortada para
despedir a un hombre excepcional: nuestro padre, José Alejandro
Lagombra Martínez, nuestro querido Cheo. En nombre de nuestra
familia Lagombra Polanco, quiero expresar nuestro más profundo
agradecimiento por su presencia y apoyo en este difícil momento. Su
compañía nos reconforta y nos recuerda el legado invaluable que deja
mi padre.
Mi padre dedicó más de cuatro décadas a la enseñanza, dejando
huellas imborrables en generaciones de estudiantes. No fue solo un
maestro de profesión, sino de vocación, un educador que concebía la
enseñanza como una misión sagrada, un compromiso con la sociedad
y con el futuro. Su amor por la educación trascendía las aulas; fue un
dirigente activo de la Asociación Dominicana de Profesores, un
incansable defensor del magisterio y un firme creyente en la educación
como herramienta de transformación. Aun jubilado, su espíritu nunca
descansó: leía, escribía, analizaba y seguía con pasión las luchas del
sector educativo.
Pero más allá del aula, mi padre fue nuestro mayor ejemplo. Hombre
de carácter fuerte y principios inquebrantables, nos enseñó con su
vida el verdadero significado de la honestidad, la justicia y el
compromiso social. No era un hombre de palabras vacías, sino de
acciones firmes. Reconocía el esfuerzo, valoraba la rectitud y, aunque
no siempre era efusivo en los elogios, su amor y guía estuvieron
presentes en cada consejo y en cada enseñanza.
Como fiel seguidor del profesor Juan Bosch, encontró en el Partido de
la Liberación Dominicana el espacio para materializar sus ideales de
justicia. Equidad y desarrollo. Sus principios fueron su brújula, y jamás
se apartó de ellos. Vivió con dignidad, con convicción, con un
compromiso inquebrantable con la verdad y el bienestar común.
Nos duele profundamente su partida, aún más por lo inesperada que
fue, apenas un día después de celebrar su cumpleaños. Ayer mismo
reíamos, brindábamos y le expresábamos nuestro amor. Sin embargo,
hoy nos consuela saber que en vida supo cuánto lo queríamos, cuánto
lo admirábamos y respetábamos. Su fallecimiento en el Día del

Estudiante no es casualidad, sino un símbolo de que su legado
continuará vivo en cada joven que luche por un futuro mejor, en cada
maestro que inspire con su ejemplo y en cada persona que haga de la
educación su bandera.
Papi, descansa en paz con la certeza de que sembraste en nosotros lo
mejor de ti. Tu amor, tu lucha y tu enseñanza seguirán iluminando
nuestro camino. No decimos adiós, sino hasta siempre, porque tu
memoria nos acompañará por siempre.
Gracias a todos por su apoyo, su cariño y por honrar la vida de nuestro
amado padre. Que Dios lo reciba en su gloria.

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