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26 de agosto de 2025 8:09 pm Leído
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El nuevo año escolar 2025-2026 un pacto de esperanza y responsabilidad compartida
Por Hilda Patricia Lagombra Polanco
Con la apertura del año escolar 2025-2026, se abre también un nuevo capítulo en la vida
nacional. No es exagerado decir que la educación sigue siendo el corazón que late en cada
proyecto de nación, y que el futuro de la República Dominicana se juega en las aulas. Pero ese
futuro no depende solo de los maestros ni de los programas oficiales; es, sobre todo, una
responsabilidad compartida entre padres, estudiantes, docentes, el Ministerio de Educación y una
sociedad que no puede darse el lujo de mirar hacia otro lado.
El hogar sigue siendo la primera escuela. Ningún plan curricular, por moderno que sea, podrá
sustituir la autoridad moral, el ejemplo diario y el acompañamiento cercano de los padres. Este
nuevo año escolar demanda madres y padres comprometidos: no solo como proveedores de
uniformes y útiles, sino como guías que escuchan, corrigen, animan y enseñan con su propia
vida. En tiempos donde la distracción digital amenaza con devorar la atención de nuestros niños
y adolescentes, la voz serena de un padre o madre presente puede marcar la diferencia.
El Ministerio de Educación tiene en sus manos la delicada misión de garantizar calidad, equidad
y continuidad. No basta con inaugurar aulas; se necesita asegurar que en ellas haya contenidos
actualizados, docentes capacitados y un sistema de evaluación que no sea una camisa de fuerza,
sino una brújula. La educación por competencias, ahora fortalecida, representa un paso firme:
formar no solo estudiantes que memorizan, sino ciudadanos que saben aplicar el conocimiento a
la vida real.
La reintroducción de la enseñanza Moral y Cívica es una de las más valiosas novedades de este
ciclo. En un mundo marcado por la violencia, la apatía y la indiferencia hacia lo común, volver a
enseñar deberes, valores y civismo no es un lujo, sino una urgencia. El aula debe convertirse en
un semillero de ciudadanos conscientes, capaces de respetar las normas, amar su patria y
construir convivencia.
Formar líderes estudiantiles no es solo organizar elecciones internas; es sembrar desde temprano
el respeto a la democracia, la toma de decisiones responsables y el sentido de comunidad. En ese
mismo espíritu, las llamadas habilidades blandas trabajo en equipo, comunicación, resiliencia,
empatía ya no son complementos, sino competencias vitales para sobrevivir en el mundo laboral
y social que espera a esta generación.
Finalmente, el derecho a la educación no se garantiza solo con decretos; se protege cuando la
sociedad entera se empodera y asume la vigilancia de que cada niño, sin excepción, tenga acceso
real y efectivo a la escuela. No hay inversión más rentable ni compromiso más patriótico que
defender con uñas y dientes el derecho a aprender. El nuevo año escolar no debe ser visto como
una rutina más, sino como una oportunidad sagrada de levantar una generación de ciudadanos
libres, responsables y capaces de sostener sobre sus hombros la esperanza de una nación más
justa y próspera.

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