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un mundo azotado por la destrucción, durante la audiencia general celebrada este miércoles en la plaza de San Pedro ante miles de personas.
En su saludo a los fieles de lengua española, el papa explicó que «solemos esconder nuestras heridas, nos cuesta perdonar y vivir en paz con Dios, con nosotros mismos y con los demás» por lo que pidió que Cristo «nos ayude a redescubrir la alegría y la belleza de vivir para poder dar vida a los demás, y que nos enseñe a ser en el mundo, azotado por la muerte y la destrucción, instrumentos de misericordia y reconciliación».
Mientras que a los fieles de lengua árabe, en particular a los procedentes del Líbano y de Tierra Santa, les indicó que «el cristiano está llamado a dar testimonio de que el amor y el perdón son más grandes que cualquier herida y más fuertes que cualquier injusticia».


