China y RD: con brazos abiertos

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 El país es el pue­blo y el pueblo es el país. Los 72 años trans­curridos desde la fundación de la Repú­blica Popular China, fue­ron una proeza heroica de arduas luchas sin rendi­mientos ante miles de obs­táculos y reveses para que el pueblo tuviese mejores condiciones de vida.

La Nueva China que su­fría de escasez extrema de recursos y pobreza fatal, hoy ha culminado la cons­trucción integral de una sociedad modestamente acomodada, con la pobre­za absoluta históricamen­te resuelta. La esperanza de vida promedio de los 1.400 millones de habi­tantes alcanza los 77,3 años. La vida del pueblo en general es cada vez más próspera, la sensa­ción de ganancia, feli­cidad y seguridad va en constante incremento, y los derechos a la supervi­vencia y al desarrollo es­tán efectivamente garan­tizados. Todo ello no solo significa un éxito de Chi­na, sino también una con­tribución a la causa del desarrollo y derechos hu­manos de toda la humani­dad.

Durante el año pasado, en medio de severos impac­tos como la pandemia del siglo y los virus políticos, poniendo al pueblo y la vi­da por encima de todo, he­mos sofocado una y otra vez rebrotes del Covid-19, garantizando la recupera­ción estable y duradera de la economía, así como co­sechando innumerables dis­rupciones o logros científi­cos.