
La controversia por la innecesaria guerra con Irán, las preocupaciones por el vejatorio tema
migratorio, el encarecimiento del costo de la vida y el viraje de sectores jóvenes y latinos que
mostraban simpatía por los republicanos, se conjugaron en el proceso electoral de medio
término estadounidense para ponerle límite, más que al Partido Republicano mismo, al cabrío
inquilino de la Casa Blanca.
La madurez del sistema democrático estadounidense se puso de relieve el pasado día 3 del
corriente noviembre, al decidirse sacarle de las costillas a Trump a través de la urnas el
equilibrio de poder, que en esta su concentrada administración se hace tan necesario.
El proceso electoral no se limita a dejar un ganador y un perdedor, sino que deja lecturas
político-electorales particularmente interesantes: estados que eran tradicionalmente
republicanos, como Texas, Kansas y Carolina del Sur, fueron recuperados por los demócratas.
Por demás, en plazas de puntual importancia, como Iowa, Maine y Carolina del Norte, los
demócratas se alzaron con importantes victorias; lo que ha dado señales de un cambio y rumbo
políticos importantes. El Partido Republicano queda desafiado a hacerse percibir en lo adelante
que no depende de la figura que lo ha hecho beber el polvo de la derrota, para llegar al proceso
electoral del 2028 un poco oxigenado. De manera particular, también el vicepresidente,
J.D.Vance-que goza de buena imagen- sufrió un demoledor revés de doble efecto negativo: la
derrota de su plataforma política, desde la que él se perfila como una figura presidencial para el
certamen de 2028; además de que fue derrotado en Ohio: donde nació y desarrolló su liderazgo
político, llevándolo a representar dicho estado desde el Senado; y que al momento de irse a la
vicepresidencia dejó en su asiento al también republicano, Jon Husted; quien será relevado a
partir de enero por el demócrata, Sherrod Brown. Constitucionalmente el presidente Trump
goza del poder del veto, pero al perder el Congreso, esta herramienta no saldrá de un lado de la
balanza para contrapesarse del otro lado de ésta con las negociaciones de los opositores
demócratas, y de esta manera mantener en equilibrio el fiel de dicha balanza.
Por su parte, la victoria de los demócratas fue a manos llenas: además de los legisladores y
gobernadores conquistados, surgen figuras con proyección nacional y, por ende, de
indiscutibles perfiles presidenciales: los gobernadores Wes Moore, de Maryland, Josh Shapiro,
de Pensilvania, Gavin Newsom, de California, así como el senador Jon Ossoff, de Georgia, se
juntan con la exvicepresidenta Kamala Harris para constituirse colectivamente en la oferta que
le hará el Partido Demócrata al pueblo estadounidense en 2028. ¡Claro, escogiendo dicho
partido, uno o una de esta oferta colectiva que pueda movilizar sus bases!
¡Dios coja confesado al pueblo estadounidense a partir de enero!: dado lo beligerante,
complicado y avasallante de Trump, con los demócratas controlando las dos cámaras del
Congreso, sus proyectos legislativos encontrarán una resistencia vertical; por lo que tendría que
enfrentar investigaciones parlamentarias, audiencias de fiscalización y una oposición con
capacidad para bloquear nombramientos y presupuestos. De ñapa, es probable que al “bellaco”
en un día cualquiera le coloquen en la agenda del debate, con letras pequeñitas, en grata
reciprocidad, un tema de “bellaquería”: el fantasma de un nuevo juicio político.


