La continuidad del Estado después de la dictadura
Entre los años 1961 y mediados de 1966, después de la decapitación de la dictadura, la
República Dominicana vivió un interregno de franca inestabilidad política y de frágil
democracia, puesto que se sucedieron gobiernos provisionales que pugnaron con particular
desenfreno para asumir el control del Estado que había permanecido 31 años dirigido por un
hombre que hizo suyo el criterio del rey Luis XIV: “L, Etat, c,est moi”: el Consejo de Estado,
encabezado por Rafael Bonelly, quien organizó la transición que dio lugar a que asumiera
democráticamente el profesor Juan Bosch; siendo éste derrocado siete meses después por un
golpe militar que disolvió el Congreso y anuló la Constitución que había gestado el mismo
Bosch; lo que dio paso a un triunvirato encabezado por Emilio de los Santos y posteriormente
por Donald Read Cabral. Finalmente, el 24 de abril de 1965 estalló el movimiento
constitucionalista, que propugnaba por el retorno del orden constitucional y la reposición de
Bosch; lo que dio lugar a que surgieran gobiernos rivales a este propósito: el constitucionalista,
encabezado por Francisco Alberto Caamaño, y el de Reconstrucción Nacional, encabezado por
Antonio Imbert Barrera; lo que dio lugar a la intervención militar estadounidense el 28 de abril.
Y que los bandos enfrentados durante la Revolución de Abril, con la mediación de la OEA se
sentaron en la mesa del diálogo para escoger una figura de consenso para poner fin a la crisis
militar y política existentes; recayendo dicho consenso en la figura de Héctor García Godoy;
quien asumió el 3 de septiembre, con la misión de preparar elecciones libres y transferir el
poder al gobierno electo. Celebrándose elecciones el 1 de junio de 1966, resultando victorioso
el Dr. Joaquín Balaguer, quien se instaló en el gobierno el 1 de julio del mismo año.
Desde la asunción al poder de manera democrática del profesor Juan Bosch el 27 de febrero de
1963, y del Dr. Joaquín Balaguer, el 1 de julio de 1966, es que se puede hablar de una
continuidad del Estado verificable y ponerse de manifiesto el siguiente criterio: que el Estado
pertenece a la nación, no al gobernante de turno.
En los 12 años de Balaguer, a pesar de que la democracia acusó una gran fragilidad, el país
recibió un gran impacto de obras de infraestructuras, como presas y vías de comunicación, que
no ponen en duda su contribución al desarrollo y avance de la nación. Pero en el orden
democrático, tal vez la obra más importante del Dr. Balaguer, para dar continuidad al Estado,
fue conjugar la transición democrática-no obstante algunas mañas, triquiñuelas, resistencias y
obstáculos- en 1978, cuando un partido opositor como el PRD asumió el poder mediante
elecciones.
Desde 1978 a la fecha, la República Dominicana ha visto fluir una democracia plena, que sin
duda se fortalece cada período constitucional; realidad ésta que les sigue los pasos a países que
se constituyen en ejemplos en la región, como: Costa Rica, Uruguay y Chile, los cuales guardan
un denominador común: que por décadas han preservado sus instituciones democráticas y sus
servicios públicos.
Desde 1966 a la fecha, muy cierto es que los mandatarios dominicanos han manejado con
cierta convencionalidad el siguiente criterio: “Que la continuidad del Estado no significa que un
presidente deba conservar todo lo que hizo su antecesor, sino que lo sensato es evaluar con
responsabilidad lo recibido, terminar lo útil, corregir lo defectuoso y respetar las instituciones,
sin convertir cada cambio de mandato en un borrón y cuenta nueva”. Aunque es un hecho no
controvertido, que unos más que otros de estos mandatarios se han empeñado en etiquetar
sus nombres a muchas obras físicas, como un capricho de vanagloria.
La continuidad del Estado en la República Dominicana, si hace suyo el criterio de que el país no
se desarrolla porque cada presidente que lo presida inaugure una obra, sino porque este
presidente deba construir sobre los avances del anterior. Y de igual manera, que los presidentes
pasan y las necesidades del pueblo permanecen, entonces tendremos una continuidad del
Estado madura, la que no tendrá que empezar de nuevo cada cuatro u ocho años.


