A las tres de la tarde del martes, Wilson David Ernesto Cuevas salió de su casa en el municipio de Neiba, provincia Bahoruco, con una muda de ropa y una aspiración que lo condujo hasta Santo Domingo para convertirse en policía.
A sus 17 años, Wilson se gana la vida trabajando en una gomera en su pueblo natal para ayudar a su madre. Esta vez dejó las herramientas y los neumáticos atrás para perseguir una oportunidad que imagina como un nuevo comienzo, al inscribirse en la masiva convocatoria de aspirantes a la Policía Nacional tras culminar el bachillerato.
"Me gusta mucho trabajar, desde chiquito vengo trabajando, yo podía ir al de Barahona pero vine aquí porque mi meta es ser policía y quería asegurarme", manifestó a Diario Libre en la explanada de la institución acompañado de su progenitora.
Su historia se suma a la de más de 3,000 jóvenes que han acudido desde el pasado 21 de septiembre a la sede de la institución para participar en el proceso, según informó el vocero de la Policía Nacional, el coronel Diego Pesqueira.
Obstáculos que no detienen la ilusión
Entre esa marea de aspirantes se encontró también Anfernny Rafael Figueroa Santiago, de 21 años, residente en el sector Mamey de Villa Mella, quien acudió ayer con la misma ilusión que los demás, pero con una preocupación adicional, una condición en una de sus manos que podría dejarlo fuera del proceso.



