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El avance del Vapeo

15 de septiembre de 2026 5:51 pm Leído
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El avance silencioso del vapeo entre los jóvenes

Por Hilda Patricia Lagombra Polanco
El vapeador llegó sin hacer mucho ruido. Primero apareció como una alternativa al
cigarrillo; después se convirtió en un objeto cotidiano y comenzó a ganar espacio entre
adolescentes y jóvenes. Hoy su presencia es tan frecuente que corremos el riesgo de dejar
de verla como una señal de alerta.
En distintos lugares del país es común observar jóvenes utilizando vapeadores en espacios
públicos, centros de entretenimiento y alrededores de centros educativos. Lo que antes
llamaba la atención ahora forma parte de la escena cotidiana. La normalización ha
avanzado más rápido que la conversación sobre sus consecuencias.
Parte de su atractivo está en la forma en que estos productos son presentados. Diseños
pequeños, colores llamativos y una amplia variedad de sabores los alejan de la imagen
tradicional del cigarrillo. Para un adolescente pueden parecer un accesorio moderno, más
cercano al entretenimiento que al consumo de sustancias.
Pero la apariencia no determina lo que contiene.
Los dispositivos de vapeo pueden contener nicotina y otras sustancias. También existen
líquidos y cartuchos con derivados del cannabis (marihuana), incluidos productos con THC.
No todos contienen lo mismo ni presentan los mismos riesgos. Cuando se adquieren de
manera informal, además, el consumidor puede desconocer qué está inhalando y en qué
concentración.
Vapear tampoco es simplemente inhalar vapor de agua. Los aerosoles pueden contener
sustancias capaces de irritar las vías respiratorias y afectar los pulmones. Pueden provocar
tos, dificultad para respirar y otros problemas respiratorios. La nicotina puede generar
dependencia y afectar especialmente a los adolescentes, cuyo cerebro todavía se encuentra
en desarrollo.
El daño potencial tampoco termina en quien vapea. Las personas que se encuentran cerca
pueden respirar el aerosol expulsado y quedar expuestas a sustancias presentes en él. Por
eso, el uso de estos dispositivos en lugares compartidos no es únicamente una decisión
individual, sino también una cuestión de respeto hacia los demás.
La adolescencia merece especial atención. La curiosidad, la presión del grupo y el deseo de
aceptación pueden convertir una experiencia ocasional en un hábito. Lo preocupante es que
muchos jóvenes pueden iniciar el consumo sin comprender plenamente sus posibles
consecuencias.
La familia tiene un papel insustituible. Los padres deben conversar con sus hijos, conocer
sus hábitos y establecer límites. Supervisar no significa invadir, sino acompañar y educar en
una etapa en la que todavía se desarrolla el criterio personal.

Las escuelas tampoco pueden limitar su respuesta a confiscar dispositivos. Necesitan
incorporar orientación y prevención de manera permanente, con información clara y reglas
coherentes. El objetivo no debe ser únicamente sancionar, sino evitar que el consumo se
convierta en una conducta normalizada dentro del entorno escolar.
Las autoridades, por su parte, deben hacer cumplir las restricciones existentes para impedir
la venta de estos productos a menores y fortalecer la vigilancia sobre su comercialización.
Una norma que no se supervisa termina siendo una declaración de buenas intenciones.
Las redes sociales representan otro desafío. El vapeo suele mostrarse asociado con
diversión, popularidad y libertad, mientras sus riesgos quedan fuera de la imagen. La
prevención debe ocupar también ese espacio y hablar a los jóvenes en un lenguaje que
resulte creíble.
Puerto Plata, Santo Domingo, Santiago y las demás provincias enfrentan una realidad
similar. El vapeo no pertenece a una ciudad ni a un sector determinado. Su expansión exige
una respuesta nacional que combine educación, supervisión y cumplimiento de las normas.
La peor reacción sería acostumbrarnos. Cuando una conducta riesgosa deja de
sorprendernos porque se vuelve habitual, no necesariamente ha dejado de ser peligrosa.
Quizás simplemente hemos aprendido a convivir con ella.
El avance del vapeo ha sido silencioso. Nuestra respuesta no puede serlo. Autoridades,
escuelas y familias deben actuar ahora, cada una desde su responsabilidad, para
evitar que la normalización de estos dispositivos termine convirtiéndose en un
problema mayor de salud pública. La prevención comienza antes del primer vapeo.

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