¿Qué es saber del Estado y ser un buen estadista?
Hace unos días me detuve a ver un programa de entrevistas en la televisión nacional; y en la
ocasión, entrevistaban a un escritor, abogado y político dominicano, que al cuestionarle sobre
el desempeño del presidente Abinader en su gestión de gobierno, él, con palabras seguras y sin
mayor remordimiento se dio a decir: Luis Abinader “no sabe nada del Estado”. Aseveración ésta
que en lo particular la concebí proveniente, más que del escritor o abogado, del político.
En tanto que en términos absolutos la aseveración del escritor, abogado y político
entrevistado, condescender con ella sería caer en el plano de lo muy subjetivo. Sin embargo, no
se debe dejar de reconocer, que ciertamente, saber del Estado va más allá que conocer su
aparato legal y administrativo. Es comprender su naturaleza, su historia, su función social, sus
tensiones internas y su relación con la ciudadanía y el poder. Es saber qué necesita y merece la
ciudadanía, cómo garantizar el equilibrio entre orden y justicia, entre poder y derechos.
En los inicios de sus vidas de políticos y relacionados con el Estado, las grandes figuras políticas
y estadistas que hoy conocemos eran tal vez políticos convencionales; sin embargo, en su
devenir consolidaron sus respetos como estadistas en las coyunturas y desafíos que se les
plantearon: Abraham Lincoln, por ejemplo, guió a su país en medio de la Guerra Civil, abolió la
esclavitud y preservó la “Unión”. Su visión moral del Estado lo convirtió en uno de los líderes
más admirados de la historia. Otto von Bismarck, conocido como el “Canciller de Hierro”,
unificó Alemania mediante una hábil mezcla de diplomacia, guerra y pragmatismo. Supo
equilibrar poder y estabilidad en Europa durante décadas. Winston Churchill, condujo al Reino
Unido en los momentos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Su liderazgo estuvo
marcado por la determinación, el lenguaje movilizador y la claridad estratégica. Franklin D.
Roosevelt, lideró a Estados Unidos durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial,
además de sentar las bases del orden mundial de la posguerra. Charles de Gaulle, fundador de
la Quinta República Francesa, supo liderar tanto en la resistencia contra los nazis como en la
construcción institucional posterior. Visión nacional, dignidad y autoridad moral fueron sus
pilares. Nelson Mandela, luchó contra el apartheid y luego gobernó con reconciliación y justicia.
Su figura encarna el estadismo como ejercicio de perdón, unidad y transformación política.
Angela Merkel, canciller durante 16 años, condujo a Alemania y Europa durante múltiples crisis
(económica, migratoria, pandemia) con prudencia, firmeza y estabilidad.
Es decir, estas figuras universales, que de políticos e incipientes conocedores del Estado,
pasaron a ser grandes estadistas, puesto que establecieron la diferencia entre un político que
apenas conoce el Estado y un verdadero estadista-como otros grandes estadistas previos-,
tuvieron una visión estratégica y pensamiento a largo plazo; priorizaron en el bien colectivo
antes que en los beneficios personales; mostraron prudencia, firmeza y flexibilidad, según las
circunstancias; incluso, fueron capaces de tomar decisiones impopulares, pero necesarias; y,
sobre todo, a diferencia del simple político, siempre pensaron en la próxima generación, no en
la próxima elección. ¡Entre otras cosas, en ello consiste ser un buen estadista!
Partiendo de la premisa de que el conocedor del Estado y el buen estadista no nace, sino que se
forma, y al juzgar por lo marcado que está el mundo actual por el cortoplacismo, la polarización
y las crisis de confianza en las instituciones, un político con buenas intenciones y visión de
futuro que vaya a administrar el Estado está llamado-¡claro, según la permanencia! a devenir,
tal vez no en un buen estadista, pero sí en un gran conocedor del Estado.
A los estadistas, y aún más, a los buenos estadistas, en tanto que especies raras y escasas, hay
que adornarlos con la frase célebre de uno de los grandes del siglo XX-Churchill: “Nunca tantos
debieron tanto a tan pocos”.


