Puerto Plata necesita un verano para todos los niños
Por: Hilda Patricia Lagombra Polanco
Llegó el verano, y con él, la estación del sol, el descanso y la libertad de horarios.
Pero para muchos niños y adolescentes en Puerto Plata, esta temporada no
representa otra cosa que largas horas de ocio, encierro y ausencia de
oportunidades. Mientras algunos disfrutan de vacaciones organizadas,
campamentos de verano y actividades recreativas, la gran mayoría queda a
merced del tiempo libre sin estructura ni estímulos adecuados. Es aquí donde el
Estado, el gobierno municipal, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación
y las empresas del sector turístico deben asumir una responsabilidad
impostergable: garantizar un verano inclusivo y formativo para todos los niños y
niñas, sin excepción.
Puerto Plata, una provincia costera rica en recursos naturales y con una robusta
infraestructura turística, no puede seguir permitiendo que sus veranos sean una
oportunidad solo para unos pocos. Muchos padres trabajan largas jornadas en
hoteles, restaurantes o empresas ligadas al turismo, y no cuentan con el tiempo ni
los recursos para inscribir a sus hijos en campamentos privados o actividades
extracurriculares. Para estas familias, las vacaciones escolares se convierten en
un desafío que afecta directamente la seguridad, el bienestar emocional y el
desarrollo cognitivo de sus hijos.
Frente a esta realidad, es urgente que el gobierno municipal, en coordinación con
el Ministerio de Educación y el de Cultura, diseñe e implemente programas de
verano accesibles, que combinen recreación, arte, deportes, lectoescritura y
valores cívicos. Las escuelas públicas, los clubes comunitarios, las casas de la
cultura y hasta los espacios abiertos como parques o playas podrían ser
escenarios ideales para actividades que fomenten la creatividad, el aprendizaje
lúdico y la socialización en un entorno seguro.
No se trata solo de entretener. Las vacaciones también pueden y deben ser un
espacio de formación. Estudios han demostrado que la participación en programas
de verano mejora el rendimiento escolar, fortalece las habilidades
socioemocionales y disminuye significativamente el riesgo de que los
adolescentes caigan en actividades delictivas. En comunidades con limitaciones
económicas, el ocio sin supervisión es una ventana abierta al reclutamiento por
bandas, a la violencia y a conductas de riesgo. Prevenir comienza con ocupar
constructivamente el tiempo de nuestros jóvenes.
En este esfuerzo, la empresa privada especialmente el sector turístico tiene un rol
vital que jugar. La responsabilidad social no debe limitarse a donaciones
esporádicas o a campañas de imagen. Las grandes cadenas hoteleras, los
operadores turísticos y las empresas que lucran con el esplendor de Puerto Plata
tienen una deuda moral con la comunidad que los sostiene. Patrocinar escuelas
de verano, becar a niños de escasos recursos, facilitar transporte, refrigerios o
materiales didácticos es una inversión directa en la sostenibilidad social de la
provincia. Un niño formado, cuidado y motivado es también un futuro ciudadano,
colaborador o emprendedor comprometido con su entorno.
No hay excusa. La estructura está. Las necesidades son claras. Y los beneficios,
incuestionables. Lo que falta es voluntad política, visión estratégica y sentido de
justicia social. No es justo ni tampoco seguro que el destino de cientos de niños
dependa de su capacidad económica para acceder a actividades de verano. Si de
verdad aspiramos a una sociedad más equitativa y segura, hay que comenzar por
democratizar el acceso al ocio formativo.
Este verano, Puerto Plata debe elegir: seguir relegando a sus niños a las esquinas
del olvido o colocarlos en el centro de las políticas públicas y del compromiso
ciudadano. La infancia no espera. Y construir un mejor futuro comienza, hoy, por
brindar un verano digno, educativo y divertido a quienes más lo necesitan.


