Nacionales

30 de mayo el día en que se ajustició el miedo

27 de mayo de 2025 11:51 am Leído
Imagen predeterminada

30 de mayo el día en que se ajustició el miedo

Por Hilda Patricia Lagombra polanco
Cada 30 de mayo, el pueblo dominicano honra con solemnidad y coraje la memoria de
quienes, en un acto de dignidad histórica, pusieron fin a más de tres décadas de tiranía:
el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, en 1961. Aquel acto no
fue simple venganza, ni solo una acción política. Fue una rebelión moral, una respuesta
desesperada al terror de un régimen que durante 31 años sofocó libertades, impuso el miedo
como política de Estado y convirtió a la patria en una finca personal.
"Lo mataron en la carretera, déjenmelo ver, déjenmelo ver…" dice el merengue que recoge
la voz popular, la misma que durante tanto tiempo fue silenciada. Porque ese día, en la
carretera hacia San Cristóbal, no solo cayó un hombre: se resquebrajó el aparato del miedo.
La dictadura de Trujillo fue una de las más feroces de América Latina. Su régimen se
construyó sobre asesinatos políticos, represión, censura, desapariciones forzadas y un culto
a la personalidad que convirtió al dictador en una figura casi divina, intocable. Pero toda
tiranía, por más implacable que parezca, encuentra un límite cuando se enfrenta a un pueblo
dispuesto a recuperar su dignidad.
Ese límite lo marcaron hombres como Antonio de la Maza, Amado García Guerrero,
Juan Tomás Díaz, Salvador Estrella Sadhalá y Antonio Imbert Barrera, entre otros
valientes que participaron en la planificación y ejecución del ajusticiamiento. Sabían que su
vida estaba en juego. Y aun así lo hicieron, por el país, por el futuro, por la libertad.
Muchos fueron perseguidos y asesinados en los días siguientes, pero su sacrificio no fue en
vano: encendieron la mecha que terminaría por desmantelar al régimen más oscuro de
nuestra historia.
Pero no podemos hablar del fin de la dictadura sin mencionar a las hermanas Mirabal:
Patria, Minerva y María Teresa, asesinadas vilmente por orden de Trujillo el 25 de
noviembre de 1960. Las “Mariposas” como fueron conocidas en la resistencia, simbolizan
la fuerza y el valor de la mujer dominicana frente a la represión. Ellas no blandieron armas,
pero fueron líderes en la lucha contra la tiranía, pagaron con su vida su compromiso con la
libertad, y con su martirio despertaron la conciencia nacional e internacional. Su legado se
entrelaza directamente con el despertar que permitió el ajusticiamiento de Trujillo pocos
meses después.
Recordar el 30 de mayo es, por tanto, recordar la valentía colectiva: de los hombres que
empuñaron las armas, de las mujeres que alzaron la voz, del pueblo que resistió en silencio
hasta que fue posible gritar. Es una fecha que no debe pasar desapercibida ni ser reducida a
una anécdota de historia. Nos recuerda que la democracia no nació sola: fue conquistada.
Que la libertad no es un privilegio: es un derecho que se defiende todos los días.
Hoy, más que nunca, debemos proteger esa memoria. Porque los nuevos autoritarismos a
menudo nacen del olvido, de la indiferencia, de la desinformación. Recordar es resistir. Y

contar la historia como fue, sin héroes aislados ni versiones simplificadas, es un deber con
las futuras generaciones.
Y mientras la memoria se mantiene viva, también celebramos. Porque el 30 de mayo no
solo es un día para llorar a los mártires, sino para honrarlos con vida, con alegría, con
esperanza. Como dice el estribillo del merengue popular:"Vamos a reír, vamos a bailar,
el 30 de mayo, día de la libertad."
Que nunca se nos olvide: la libertad fue conquistada con sangre, valentía y pueblo. Y por
eso, cada 30 de mayo, celebramos que seguimos siendo dueños de nuestro destino.

Noticias Relacionadas