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De lz zlegriz de Navidad

23 de diciembre de 2024 10:31 am Leído
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De la Alegría de la Navidad a la inclinada Cuesta de Enero

Cheo Lagombra
La temporada navideña han sido transformadas por el capitalismo convirtiéndolas en un
periodo de consumismo. Cuando el cristianismo llegó a Roma fue adoptando gradualmente
elementos paganos que consistían en la entrega de regalos con la llegada del solsticio de invierno,
estos obsequios se convirtieron en un reflejo del acto de dar y recibir amor, elementos
fundamentales del mensaje cristiano.

Aunque en nuestro país la navidad sigue siendo un despliegue cultural, religioso
y social que se refleja en cenas familiares, actividades festivas organizadas por las empresas para sus
empleados, se decoran los parques, calles y las viviendas. Las redes sociales se inundan de fotos
donde se presumen cenas perfectas, arbolitos de Navidad repletos de regalos y decoraciones
glamurosas. Sin embargo, sabemos que detrás de este escenario idílico se esconde
una verdad incómoda: La Navidad se ha convertido en uno de los mayores rituales del consumismo
capitalista. La publicidad y las campañas de marketing han creado el llamado espíritu navideño que
no es más que la ilusión de que el consumir bienes y servicios incrementando los gastos nos van a
conducir a la felicidad y el éxito.

El aspecto monetario se ha convertido en la particularidad más evidente de esta
época. El consumo y la compra nos llevan a un sentimiento de satisfacción y felicidad instantánea.
Pero todo lo que pronto llega, pronto se va. Ese sentimiento de alegría es a corto plazo, y no crea
una felicidad duradera.
Durante todo el año, nos quejamos de los precios de los productos. Sin embargo, en Navidad
estas quejas quedan a un lado y en Puerto Plata desde las primeras semanas de Diciembre se
observa un aumento significativo del tránsito en sus calles estrechas, los supermercados y las tiendas
de electrodomésticos se abarrotan de clientes ansiosos de comprar lo que necesitan aprovechando las
“rebajas” y las “ofertas”, algunas de ellas reales.
Ese consumismo navideño no nace de nosotros mismos, sino de la presión social. Estamos
siendo bombardeados continuamente por ofertas, en la prensa escrita, en la televisión, en las redes
sociales, desde Noviembre y durante Navidad. Las empresas invierten millones en planes de
marketing, esta es la época del año donde los compradores compulsivos se vuelven locos
consumiendo.
Esto así porque vivimos en un sistema económico de corte capitalista neoliberal, que es la
llamada sociedad del consumo, y el discurso del consumo es el discurso de la soberanía
individualista. Es el propio discurso neoliberal nadie se tiene que meter en lo que tú consumes,

primero, y segundo, si es legal se consume y punto.

Se estima que en la tradicional cena de Noche Buena y del 31 de fin de
año cuesta mantenerlas, ya que para una familia promedio debe invertir alrededor de más de 5000
pesos en cada una, sin contar la ropa que se va a estrenar, los juguetes y las bebidas y en ese sentido
el gasto navideño supera los ingresos de un mes, sino que también perpetúa una cultura de
consumo innecesario y de acumulación.
Generalmente las familias planean gastar más cada año en regalos y celebraciones de Navidad,
Año Nuevo y Día de Reyes. Este aumento refleja una tendencia donde el consumismo se
intensifica. Ese consumismo navideño también tiene un costo elevado para el ayuntamiento con el
aumento de los desechos sólidos, porque los dominicanos botamos las escobas y trastos viejos para
alejar las malas energías del año que termina y dar paso a las nuevas oportunidades y suerte en el
nuevo año. ¿Y quiénes se benefician realmente? Es imposible ignorar que quienes más
ganan durante esta temporada son las grandes cadenas de supermercados, tiendas de
electrodomésticos y las corporaciones de venta online, los bancos comerciales en sus ferias de
vehículos, todas ellas les suman signos de pesos a sus bolsillos. En contraste, las familias
trabajadoras enfrentan el inicio de un nuevo año con deudas que perpetúan la desigualdad, de ahí la
famosa “cuesta de Enero”. El significado que se le ha dado a esta época del año
con los regalos, la ropa nueva, los decorados de las casas y las grandes cenas y fiestas, ha
traspasado la frontera de lo religioso y se ha convertido en una época de consumismo. En
este sentido cabe reflexionar sobre qué se espera de estas fechas y, si la conclusión es disfrutarlas,
habría que preguntarse con qué se puede disfrutar, seguramente, en la respuesta no se encuentra ni
en las fiestas ni los regalos.

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