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El Gobierno de Venezuela se mantiene firme en su negativa a ceder posiciones ante la creciente presión de EE.UU., con una acusación al presidente Nicolás Maduro por narcoterrorismo, en primer lugar, seguida de la supuesta solución al problema: el despliegue de barcos militares y soldados en las costas venezolanas para controlar el tráfico de drogas.
Pero ni las acusaciones a Maduro y una decena de colaboradores cercanos a él, ni la demostración de la fuerza naval estadounidense en aguas venezolanas ni los militares enviados por Donald Trump amilanan al mandatario venezolano, que arenga a sus tropas por si llegase el momento de defenderse: la “furia bolivariana será la respuesta”.
Esas nuevas medidas de presión se suman a las ya legendarias sanciones de EE.UU. a Venezuela, causantes, según el chavismo, de la grave crisis, acrecentada con la pandemia por el coronavirus y por el desabastecimiento de gasolina, frecuente en el interior del país en los últimos tiempos y que en las últimas semanas, llegó a Caracas.