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El Tribunal Supremo de Perú ha ratificado este jueves la decisión de un juzgado de primera instancia de Lima que respaldó el pasado mes de febrero el derecho a una persona a la muerte digna a través de la eutanasia en el país.

La solicitante, Ana Estrada, de 43 años, es una activista que padece una polimiositis incurable y progresiva con la que convive desde los 12 años y que ha sido la primera persona en Perú en recibir la autorización poner fin a su vida a través de la eutanasia.

«Es extraordinariamente importante porque con este voto del vocal dirimente se consolida el derecho a la muerte digna», ha sostenido el exdefensor del Pueblo Walter Gutierrez en declaraciones a la emisora RPP, señalando que aún falta otra audiencia en la que se revisará un protocolo para que se lleve a cabo la eutanasia.

La revisión del protocolo tendrá lugar, debido a que, de los cuatro votos necesario, el del presidente del Supremo difiere en los aspectos sobre cómo debe realizarse. Por ese motivo, el tribunal ha convocado el próximo viernes 22 de julio a la jueza suprema dirimente, Sara Echevarría Gaviria, para decidir sobre los detalles procedimentales del protocolo.

Tras la decisión, Estrada se convertirá en la primera persona en acceder a la eutanasia en Perú después de años de campaña pública para conseguir la legalización de la ‘muerte digna’.

A través de su blog personal, la activista ha defendido en público su lucha y se ha convertido en la cara visible de los intentos de legalizar la eutanasia en el país sudamericano.

«Desde que estuve en UCI pedí ver al psiquiatra para que me recete lo indicado porque me quería morir. Pedía morir. (…) Hasta que en el 2017, poco a poco comenzó mi búsqueda. Y claro que en cada negativa me volvía a derrumbar», cuenta en una de las últimas entradas escritas en su blog tras su comparecencia ante la audiencia que ahora ha fallado en su favor y en la que le preguntaron si estaba deprimida.

«He empezado a escribir en este blog porque así empezó todo hace dos años. Vuelvo a la raíz y soy mi alimento. Y ya nunca nadie más me dirá que es imposible. Mi voz es orquesta», cierra este artículo.