Se quebranta el ámbito de la diosa Temis

 

 

 

 

 

 

El Estado dominicano, además de su debilidad como sujeto de derecho, acusa una

distorsión conmovedora en relación a los tres poderes que lo conforman: el Poder

Legislativo, que de acuerdo a la división montesquiana, es el primero en el orden, pero

en nuestro esquema es el segundo; el más débil, corrupto, empobrecedor y amasador de

un  presupuesto público superior al del Poder Judicial. El Ejecutivo, que es el segundo en

el orden, en nuestra realidad es el primero; el más rico y es el rector cabrío y avasallador

de los otros dos poderes. El Judicial, que en el orden es el tercero, es el más depauperado,

mendicante y relegado; no obstante ser el verdadero piso y garante de la paz social, del

estado de derecho y la democracia de cualquier Estado.

Después de la revolución que experimentó el sistema judicial dominicano a partir de la

reforma constitucional de 1994, hoy se plantea un antes y un después en el ámbito de la

diosa Temis. Pero, el después no ha sido ni es inmaculado, porque con frecuencia le han

permeado y aún permean desmanes y deshonras del pasado; a veces por descuido: torpeza,

ineptitud, ignorancia; a veces por debilidades morales de sus actores.

No obstante, garantía y confianza, en balance general, marcan ese antes y después en

la justicia dominicana. Y  se debe ello al granado material humano que se insertó en la

judicatura a partir de 1997, y todavía se inserta con los regios y verificables programas de

la Escuela Nacional de la Judicatura.

Estoica es la actitud de un juez, que atado a un seguro familiar, a unos que otros modestos

viáticos, y a un sueldo, que al juzgar por su responsabilidad, riesgo y jornadas fatigantes,

ha de considerarse [un aporte simbólico para estimular lo que bien llamado sería una

“vocación filantrópica”], se deja embeber por la pavorosa, irracional  y formalista

“disciplina” que le impone el sistema.

Sin embargo, hay jueces que de manera consciente y folklórica honran esa pavorosa y

formalista“disciplina” que les pauta dicho sistema; y tiemblan como un azogado al verse

expuestos al qué dirán, si osan hacer vida social con goce de plena libertad; lo que arroja

una disyuntiva irrefutable: esconden un pobre talento y una débil probidad o se aferran al

“estímulo” remunerativo injusto que les aporta el sistema.

La  remuneración casi jornalera que se le retribuye a la membresía de la judicatura

dominicana, no se corresponde con la recia preparación académica, la experiencia y

capacidad de muchos jueces; lo que ha levantado una onda febril justificada de deserción

del sistema para irse al ejercicio personal. Pero, por demás, irse al sector privado, que al

final es el gran beneficiario de estas entendibles renuncias, puesto que capitaliza ese activo

curtido por el tren judicial; y  emulando dicho sector privado a Erasmo de Rotterdam, en

su Elogio de la Locura, gozará del canto de estas aves desertoras, no como aves enjauladas,

sino con el canto maravilloso de las aves libres.

andresbrito10@hotmail.com

admin

admin

Periódico de Puerto Plata, vigente desde 1976 llevando la luz que guía la verdad a cada ciudadano. Honestidad. Carácter y confiabilidad nos definen.

Comments are closed here.

Sociales

A %d blogueros les gusta esto: