REFLEXIONES Reforma del Código de Trabaj

 

 

 

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Ramón Ramírez

En los últimos meses diversos sectores, sobre todo,  empresariales vienen planteando  la  modificación del Código de Trabajo.  Primero  fue el DR. Francisco Domínguez  Brito, Ministro de Trabajo para la ocasión, quien en un aparente resurgir político sacó aflote el tema, pero tuvo  que  detenerlo en razón  de la trascendencia  que tendría en las elecciones pasadas. Luego  salieron  los  directivos  de la  Asociación  de  Industriales  de la  República Dominicana (AIRD)  y la Asociación  de Comerciantes Industriales de Santiago      (ACIS).  Mueve  a  sorpresa esta  campaña de  reforma al Código de Trabajo.
La  crisis  social  y económica  que  ha  provocado  un  gran  desempleo  en  el  mundo,  cuya  situación  ha  arrastrado  grandes  modalidades de  dificultades,  precariedades,  injusticias  y  desigualdad  social,  debe  ser  asimilada  por  estos  sectores  que  buscando  proteger  sus  intereses  particulares  desafían la  realidad.
Se  busca,  sobre  todo,  modificar  y/o  erradicar  varios  artículos  puntuales,  entre  ellos  el   artículos  76,  sobre  pre-aviso;  80, sobre  la  cesantía; 86,  pago  de  retardo  salarial;  95,  indemnización  por  despido  injustificado; 178,  vacaciones; 184,  pago  de  vacaciones  no  disfrutadas;  202   informaciones  de los  beneficios  obtenidos   por  la  empresa;  213, salario  mínimo;  291,  salario  de  navidad; 223, participación  de los  beneficios  (bonificación).  232,  igualdad  de  género; 389  fuero sindical;  467, sobre  los  vocales  del  Tribunal  de   Trabajo;  523,  obligatoriedad  de  asistir o  hacerse  representar  en  las  audiencias  laborales;  232,  sobre  igualdad  de  género; 539, depósito  del  duplo  para  apelar  sentencias  laborales,  entre  otros. Asimismo  Esto  también  arrastraría  modificar  ligeramente  la  Ley  87/01,  sobre  el  sistema  Dominicano  de  Seguridad  Social  y  otras.

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Datos históricos revelan Antonio María Pinada fundador periodismo dominicano, fue director del primer periódico El Telégrafo Constitucional

“Se le conocerá como el primer periodista dominicano, pero era médico de profesión y había nacido en las Islas Canarias en 1781. Es más, parece ser el primero que usó, casi de manera oficial, el apelativo de “dominicano” para referirse a todos los que estaban ya ligados al suelo de esta mitad de isla…”.
Así inicia José Luis Sáez su biografía sobre Antonio María Pineda Ayala, médico, periodista, diplomático, catedrático universitario, investigador científico que también se sintió atraído por la carrera eclesiástica.
Sáez y Vetilio Alfau Durán son los historiadores que han hurgado con mayor empeño en la vida de este polifacético hombre público, de quien resultó imposible obtener fotos. Alfau Durán fue el primero en ofrecer una extensa historia de Pineda en abril de 1946, en el periódico La Nación, y lamenta las “pocas noticias personales divulgadas hasta ahora acerca de tan distinguido personaje, a quien se le puede discernir con justicia el galardón de fundador del periodismo dominicano.”
Cuando informa sobre su descendencia sólo cita a tres de sus hijos y observa: “Estos son los que hemos tenido la suerte de encontrar en nuestras investigaciones.” El trabajo de Sáez, publicado en 1997 en “Acta Médica Dominicana”, completa anotaciones de Alfau.
Una calle de Los Minas reconoce al “Dr. Antonio María Pineda,” director de “El Telégrafo Constitucional de Santo Domingo,” primer periódico que se publicó en esta ciudad el 5 de abril de 1821 y al que Manuel A. Amiama define como “el primer esfuerzo del periodismo nativo.” Pedro Henríquez Ureña dijo que en el título del semanario “se mezclan ilusiones de progreso e ideales de derecho.”
Pineda es considerado por Vetilio Alfau como “una de las figuras más conspicuas de las postrimerías de la segunda Era Española, o sea, de la llamada España Boba, y uno de los prohombres de la Independencia de 1821”.
Ciertamente, Pineda fue enviado por José Núñez de Cáceres como Comisionado Especial en la Gran Colombia, en 1821, para gestionar la adhesión. “Ese solo hecho y su conexión con el proyecto continental de Bolívar haría que su nombre apareciera desde entonces en las páginas de la historia dominicana”, consigna Sáez. Algunos historiadores ponen en duda este viaje. Emilio Rodríguez Demorizi lo evidencia y Sáez argumenta: “Bolívar supo bien lo que ocurría en ambos lados de la isla y por esa razón optó por no entrevistarse con Pineda. La escasez de fuentes venezolanas sobre la supuesta misión dominicana ha hecho pensar que quizás el médico canario solo llegó a Curazao, se enteró de que Boyer había ocupado ya el territorio oriental de Santo Domingo e interrumpió su viaje “porque su misión ya no tenía ningún sentido.”

Semblanza breve

Los padres de Antonio María eran José Antonio Pineda y Gregoria de Ayala, con los cuales pasó a Venezuela en 1797, residiendo en Barquisimeto hacia 1799, cuando pasó a Caracas. “Abrazó la carrera eclesiástica y llegó a recibir la primera censura clerical”, pero “optó por la medicina”. Allí lo conoció en 1802 el dominicano Andrés López de Medrano, su condiscípulo en la Universidad en la cual recibieron ambos, en 1809, el título de doctor en Medicina.
Pineda se embarcó ese año para España pero la nave que lo conducía a Cádiz arribó forzosamente a Puerto Rico y decidió quedarse ahí hasta el 10 de abril de 1810 cuando se trasladó a Santo Domingo donde se dedicó al ejercicio de su profesión. Fue protomédico y médico de Sanidad del Hospital Real (antiguo San Nicolás de Bari) y miembro de la Diputación Provincial, bajo cuya protección se publicó “El Telégrafo Constitucional de Santo Domingo”, según José Gabriel García.
Publicó un trabajo de promoción de la vacuna contra la viruela, “Memoria de la vacuna.”
En 1812 casó con Dolores Sanabria Falcón, de la que tuvo cinco hijos, tres varones y dos hembras. Alfau cita tres: Isidora, Antonio María y Manuel Saturnino, de los que reproduce sus actas de bautismo. Aparentemente, agrega Sáez, estos pasaron la mayor parte de su vida en Barquisimeto, y aclara: “Sabemos que los hijos fueron Isidora, Antonio María, Manuel Saturnino, José Antonio y Mercedes”.
El notable político y comunicador se inscribió en el curso de Derecho Civil y Canónico un año después de reinstalada la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás y a principios de 1821 ocupó la cátedra de Prima de Medicina.
Saéz no especifica en su trabajo dónde es que Pineda usa por primera vez el apelativo dominicano.

La calle

El 22 de agosto de 1973, el Ayuntamiento de Santo Domingo designó la antigua calle “L” de Los Minas con el nombre “Dr. Antonio María Pineda”, en honor “del prestante periodista dominicano que fuera director del primer periódico del país, notable munícipe e ilustre ciudadano.”

El Telégrafo

De cuatro páginas, se publicaba los jueves, y como anticipo de lo que sería el periódico circuló una hoja suelta el cuatro de marzo en la que Pineda expresaba su optimismo porque ya empezaba “a rayar el crepúsculo de la felicidad venidera de Santo Domingo, delineada en la Constitución Política de la Monarquía española…”.
El periódico usaba como lema un texto de Horacio: “Qui consulta patrum, qui leges, juraque servat”, y se vinculaba al movimiento separatista de José Núñez de Cáceres, y en él quedó “una buena descripción de lo que había sido Santo Domingo hasta el Siglo XVII”. El último número salió el 26 de julio de 1821.
Vetilio Alfau apunta no saber con certeza dónde murió Pineda pero supone que fue en Venezuela “donde todavía en 1811 vivían sus padres y es posible que allí tuviera parientes cercanos”. Saéz presume que Pineda se refugió en Venezuela luego del fracaso de la Independencia Efímera o quedó allí terminada su gestión. “Por lo menos sabemos que fue juez de Primera Instancia en Barquisimeto hacia 1849, y ahí le sorprendió la muerte en agosto de 1852, ocho años después del otro ensayo independentista y romántico de 1844”.

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