Qué la justicia y la paz se encuentren

obispos 2014Especial interés para que haya una paz verdadera, lo constituye un mejor desempeño en todos los aspectos referidos a la institucionalidad de la justicia. En ella están implicados, sobre todo, los responsables directos del funcionamiento del sistema judicial: los jueces de las diversas cortes y los fiscales del ministerio público. Pero también debe implicarse de manera más decidida toda la ciudadanía, participando en la creación de una auténtica cultura de derecho. La nueva cultura de derecho debería promover, entre otras cosas, comportamientos cotidianos de respeto a las leyes y reglamentos.

62. No habrá justicia sin cultura de derecho; y no se podrá formar esta cultura de derecho sin un compromiso fiel del cuidado y cariño por la vida de todas las personas desde su concepción pasando por  su desarrollo integral hasta su muerte. Cuando prima el mero interés particular, exacerbando el  reclamo  de  derechos  individuales en detrimento de derechos universales, no hay condiciones para que se configure esa nueva cultura de derecho que tanto necesita la sociedad dominicana.

63. El empleo sigue siendo el principal medio para mejorar la calidad de vida de la población, especialmente de los jóvenes y de las mujeres. Junto con el empleo es necesario promover salarios justos que permitan cubrir el costo de la canasta básica y acceder a los servicios que proporcionan una verdadera calidad de vida.

64. Por lo que acabamos de decir, es razonable plantear la necesidad de crear una política laboral apegada a principios de justicia universal. Esta política debe construirse sobre la base de la protección de la población trabajadora, asegurando el  cumplimiento  de  los  derechos establecidos en  la Constitución, en el código laboral y en la ley de seguridad social, entre otras.

65. Quisiéramos señalar a las personas que participan en el diálogo sobre la reforma del Código de Trabajo, especialmente a los líderes empresariales católicos, que sólo fortaleciendo los derechos laborales es como se genera la auténtica paz. Por otra parte, es pertinente recordar que sin una participación activa de los trabajadores en la empresa, no se alcanzará la vida plena que deseamos para el conjunto de la sociedad.

66. Colaborará de manera especial a crear un clima de institucionalidad la  promulgación de  la  ley de partidos, consonante con  los principios fundamentales de  la  vida democrática. Esta ley debe garantizar ante todo la transparencia. Deberá asegurar especialmente la participación de la mujer y la representatividad de sectores hasta ahora excluidos en las contiendas electorales. Deberá por otra parte establecer instancias que permitan el control efectivo del uso de los recursos del Estado para fines de reelección o elección del candidato del partido en el poder. Si se quiere una democracia verdadera, esta ley deberá contener también una regulación clara para la elección de candidatos a los puestos públicos, donde lo que prime no sea el criterio económico, sino el auténtico liderazgo social, las cualidades humanas y los principios éticos o morales que acompañen a los propuestos en las primarias.

67. La paz dominicana  crecerá si esta ley ayuda también a controlar los tiempos y los términos de las campañas políticas, el gasto electoral y su financiamiento. ¿Qué se puede esperar de un poder político conquistado con fondos de oscuras procedencias? Una sociedad en verdadera paz no puede darse el lujo de estar cíclicamente cada dos años en una campaña permanente que disloca todos los acontecimientos de la vida cotidiana y altera considerablemente los ánimos.

68. Por último, aunque no menos importante, es necesario reencauzar institucionalmente las relaciones internacionales del Estado dominicano, especialmente con Haití. Son bien conocidas las graves precariedades por las que  atraviesa el  ordenamiento  político  del  Estado vecino. Pero,  una contribución nuestra será retomar las acciones coordinadas de ambas naciones reforzando la institucionalidad de la Comisión Mixta Bilateral, la regularización  del comercio entre ambas naciones y la aplicación de la Ley migratoria en un clima de colaboración mutua.

69. Para que la justicia y la paz se hagan más auténticas, todos los dominicanos y dominicanas debemos hacer el compromiso de promover una educación formal e informal que fomente la disciplina, el orden y la higiene personal y ambiental, que valore el sacrificio y el ahorro, que estimule a vivir los valores patrios y familiares; y que el Estado tome la firme decisión de frenar todo aquello que sumerge a nuestro pueblo en la pobreza material y espiritual.

70. Es fundamental  que recordemos que para lograr que la justicia y la paz se besen es necesaria una verdadera conversión al Señor, en lo personal lo familiar, lo comunitario y lo social. Solo habrá un mundo nuevo si hay hombres  y mujeres nuevos, familias nuevas y comunidades nuevas. Viviendo con amor y solidaridad y haciendo nuestras las necesidades de los más pobres, nos ponemos en el verdadero camino a la santidad, que es el camino de la paz. Que el Dios de la Justicia y la Paz, bajo la protección de Nuestra Señora de la Altagracia, nos bendiga y acompañe en la construcción de una sociedad dominicana más justa y solidaria.

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