“¡Qué dulce es la esperanza de salir de su yugo y cautiverio!”, escribió una vez José Núñez de Cáceres

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“¡Qué dulce es la esperanza de salir de su yugo y cautiverio!”, escribió una vez José Núñez de Cáceres, figura destacada de los tiempos de la España Boba por ser autor de la Independencia Efímera a finales de 1821. Esa frase citada, pertenece a una de sus fábulas “La araña y el águila”; una de las producciones en que este escritor, catedrático y periodista sembró la primera semilla de ideas liberales en el pueblo dominicano, inspirado por la valentía de los demás países de América del Sur.

Por lo general, se le conoce por encabezar ese acto insurgente que dio como resultado una emancipación de solo unos meses. No todos se enteran de su inclinación por las letras, de sus fábulas, de que fue el primer dominicano en escribirlas, de cómo las usó como medio de denuncia social y para dar a conocer su desacuerdo con la subordinación.

“En sus composiciones expresó las inquietudes nacionales, aunque sin sugerir abiertamente la necesidad de la Independencia”, comenta el sociólogo e historiador Roberto Cassá, en el primer tomo de su serie de libros “Personajes Dominicanos”. Además, en las obras de ese ilustre literato se hacia alusión a sucesos propios de aquellos tiempos de principios del siglo XIX.

En su poema “A los vencedores de Palo Hincado”, un famoso canto de su repertorio que se puede mencionar a modo de ejemplo, enaltece las proezas de quienes participaron en esa batalla de 1808. “Rogaréla se quite la corona marcial de su cabeza y entretejida de olorosas flores venga, y la deposite por premio del valor y fortaleza en la de estos heroicos vencedores, que de extranjero yugo redimieron la patria, y dulce libertad le dieron”, dice una de sus estrofas.

“El fabulista principiante”, seudónimo bajo el cual firmaba Núñez de Cáceres, fue el responsable de que apareciera en la capital el periódico “El Duende”, que se publicaba a la par con “El Telégrafo Constitucional” de Santo Domingo. Allí publicaba sus escritos. Así como Duarte fundó La Filantrópica y La Dramática, Núñez de Cáceres, deseoso de libertad, se valía de sus fábulas y poemas para anunciar su espíritu moderno. “Ni otra cosa en las fábulas se busca, que corregir los vicios de los hombres”, destacó el prócer de la primera independencia en una publicación para el periódico ya mencionado, según se comenta en la antología de Emilio Rodríguez Demorizi, “Fábulas Dominicanas”.

“En sus alegorías no podía abogar por la independencia, pero sugería críticas a aspectos del orden establecido y proponía remedios de manera velada”, expone Cassá. Más abajo, en el cántico de la batalla de Palo Hincado antes destacado, el fabulista alega por su anhelo de libertad: “¡Gloria eterna a los bravos hijos de Yuna, de Casuy, Almirante, que el natal suelo con valor rescatan! Yaceríamos esclavos si ellos con el acero rutilante, las viles ataduras no desatan”.

Según este historiador, a pesar de que El Duende solo tenía dos pliegos, no solo insertaba fábulas. “Entre otras cosas, defendió las libertades vigentes y en particular el derecho de imprenta”, expresa. De igual forma, subraya que hay indicios de que mientras editaba el periódico preparaba el golpe de Estado para derrocar el dominio español.

Núñez de Cáceres fue bien respaldado por un sector, que estaba de acuerdo con sus ideas revolucionarias expresadas mediante el arte literario. Por otro lado, su vocación de estudioso poeta nunca le agradó a su padre, el cual ansiaba que este se dedicara a las tareas del campo. Abandonó su formación un tiempo. “Esa experiencia le inspiró aversión hacia todo lo que fuse vida fuera del medio urbano y ratificó su vacación por el estudio”, relata Cassá.

El desacuerdo de su padre, sin embargo, no fue razón suficiente para impedirse manifestar su voluntad de autonomía por medio de la literatura. Tampoco lo fue para hacer públicas las fábulas y poemas, como lo fueron “Los conejos, el cordero y el pastor”, “El abejarrón y la abeja”, “El tigre y el lobo reconciliados”, “El lobo y la raposa”, “El camello y el dromedario”, entre otras obras.

Rodríguez Demorizi, en su libro “La imprenta y los primeros periódicos de Santo Domingo”, habla de Núñez de Cáceres como un “vivo testimonio de que la independencia dominicana fue también obra de periodistas, de hombres de iluminado pensamiento”.

SEPA MAS
A propósito de la celebración del mes de la patria, y sobre los hechos heroicos de aquel 27 de febrero de 1844, hubo un hombre de nobles intenciones, varios años antes, cuyas hazañas sirvieron de inspiración para que esos valerosos proclamaran libertad definitiva. El día primero de diciembre de 1821, José Núñez de Cáceres, inauguró el Estado Independiente del Haití Español, que era parte integrante de la Gran Colombia. Proclamó lo que hoy se conoce como Independencia Efímera; llamada de esa manera por haber sido de poca duración, ya que, tres meses después, el 9 de febrero de 1822, el presidente haitiano de aquel entonces, Jean-Pierre Boyer, ocupó Santo Domingo, unificando toda la isla. Al literatonuestro le tocó entregar las llaves del país a quien le arrebató su independencia. “Tal vez obedeciendo el peso abrumador del hecho consumado, se atrevió a aseverar que la incorporación a Haití sería el último hecho político de la historia del pueblo dominicano”, comenta Cassá. Sin embargo, lo que nunca imaginó es que antes de su muerte en 1846, pudo tener el suficiente discernimiento para conocer a una República Dominicana libre.