Murió la distinguida profesora Hilda Lora

PUERTO PLATA.- En la paz del Señor, con la tranquilidad que acompaña la partida a la eternidad de un ser que no hizo mal a su prójimo, que cuidaba de todos y se preocupaba por sus alumnos como si fuera a ella misma y rodeada del amor de la familia,  partió a la eternidad en forma sorpresiva la conspicua profesora de la flauta y el piano Hilda Antonia Lora Reyes.
Su capacidad no pudo conocerse con la amplitud que debió fluir, la timidez, ese deseo de anonimato la mantuvo detrás del telón, no era amante de la publicidad. Sus actuaciones en público fueron obligaciones, pero no buscaba sino para acompañar mayormente a sus alumnos y sentirse satisfecha del trabajo realizado con el avance obtenido por ellos.
Vivía encantada y maravillada al escuchar la flauta sonar en labios de uno de sus alumnos  o magistrales interpretaciones musicales en el piano, sonreía,    gozaba aunque muchos no se dieran cuenta, pues   nunca manifestaba su algarabía.
El 10  de junio, ocho días después de haber cumplido año  marcó el fin en  la tierra de una mujer de ochenta años que nunca envejeció su espíritu, que lo mantuvo activo y sonriente, con el carino y aprecio que dio a todos esa voz que nunca levantó sino para interpretar una canción o decir al alumno cómo hacerlo mejor, se ha ido.
Josecito Nazario Lora, el hijo que Dios no le dio y que por eso vivió junto él durante 24 años, tuvo a su cargo despedirla cuando su cuerpo fue depositado en el camposanto.
La profesora de música había nacido justamente el 2 de junio de l931. Sus padres fueron Luis María Lora Álvarez y su madre Mercedes Reyes y Reyes. Tuvo varios hermanos Luis Antonio, José Marcedes, Esperanza, Nidia  y Miguel Ángel.
Revelan familiares que la profesora Hilda Lora no sólo tocaba y educaba con el piano y la flauta, sino  que contaba con cualidades excepcionales que pocos conocieron, imitaba auténticamente diversos  animales por ejemplo,  el sonido de un tren en marcha, un coche de caballo como tradicionalmente existían en los pueblos, ahora son un lujo, entre otras cosas.
Sus estudios los realizó en esta ciudad de Puerto Plata, en la escuela Antera Mota. Labró en algunos lugares como Bellas Artes.
La sociedad puertoplateña ha perdido a una distinguida profesora, que gozaba lo que hacía y lo hacía bien,  y en cada alumno veía para ella un reto que debía conducir hasta la cima.
Su subrino -hijo Ing. Josecito Nazario Lora, logró en medio del profundo dolor que le embargó a él, sus hermanos y demás familiares, la siguiente despedida:
Tía Hilda:
La flauta está en silencio, el pianito ha dejado de tocar, la tambora ya no toca en tu boca y el tren no ha vuelto a pasar. El mosquito no deambula en nuestra casa, el pavo ya dejó el golo golo, y así el pollito ha dejado de piar.
Si seguimos con imitaciones de verdad que nunca vamos a acabar.
A quién llamaremos cada día al mediodía, si tú ya con nosotros no estarás, qué temperamento férreo el que tuviste, pero tu corazón llega a la inmensidad. Qué cariñosa fuiste con todos nosotros, mis hijos y nietos lo pueden testificar, tuviste condiciones excepcionales, pero tu timidez no te dejó descollar.

Gracias y adiós tía  Hilda, hasta siempre.

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