La salud del Santo padre

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La hospitalización del papa Francisco esta semana desató interrogantes sobre el futuro de su papado, y alimentó los rumores y críticas de sus enemigos que ansían un nuevo líder para la Iglesia Católica.

Los sectores más conservadores han desafiado abiertamente al pontífice argentino, a quien acusan de minar las enseñanzas doctrinales con sus aperturas, al instar por una iglesia más tolerante.

Su frágil salud ha “dado oxígeno” a quienes buscan presentarlo como una persona débil y esperan que siga el ejemplo de su predecesor, Benedicto XVI, quien renunció en 2013, cuando percibió que sus fuerzas físicas y mentales no bastaban, comentó Robert Mickens, director del diario religioso La Croix International, consultado por la AFP.

Francisco, de 86 años, quien tiene una serie de problemas físicos y se desplaza en silla de ruedas, ha sido muy ambivalente sobre el tema de su renuncia.

En varias ocasiones ha dicho que renunciaría al cargo si no se siente capaz de cumplir con su trabajo, aunque insistió en febrero que ese tema no estaba en su agenda.