Gregorio Luperón murió envenenado

UN TRISTE ADIÓS AL GUERRERO
En 1897, Luperón estaba enfermo de cáncer en la isla de Saint Thomas. Enterado, el presidente Lilís viajó a verlo personalmente. Allí éste tuvo que escuchar serios reproches del restaurador, su antiguo jefe, y los aceptó calladamente. Finalmente se reconciliaron, y Luperón acordó regresar al país en el mismo buque de guerra que había transportado a Lilís hasta la vecina isla.
En Puerto Plata, Luperón, cada vez más enfermo, le  pidió a su médico de cabecera, el doctor Fosse (de origen belga) un último deseo: no dejarlo morir desvariando. El doctor  prometió darle un tóxico tan pronto comenzara a perder lucidez. Llegado el día final, 21 de mayo de 1897, el paciente invita al doctor Fosse a cumplir lo prometido.
Pausadamente el médico echa gotas en una copa, pero Luperón, creyéndose engañado, se incorpora de repente y  en un esfuerzo supremo, le dice: “Doctor, cumpla como caballero; eche más gotas.”  El enfermo tomó la copa con mano trémula y despidiéndose de su doctor, apuró el veneno y en pocos minutos murió.

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