Elaboración Cacao cambia vida mujeres Altamira

Altamira y las mujeresPALMAR GRANDE, ALTAMIRA. Amarilis Minaya tiene una voz alegre, 60 años, cuatro hijos y toda una vida siendo ama de casa… Hasta que la Fundación de Desarrollo Loma y Salud (Fundelosa) planteó la posibilidad de crear una procesadora de cacao orgánico en el Municipio Altamira, en Puerto Plata, para que las mujeres de la comunidad se integraran a una actividad productiva.

En 2007, con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), surge el Chocolate de la Cuenca de Altamira (Chocal), con 30 mujeres de la zona. Amarilis es una de ellas.

“Después de eso, si uno necesita un panti no tiene que esperar que el marido le dé los chelitos (…). Los chelitos son buenos de ganar. Es bueno decir ´esto es mío´, ´voy a comprar esto´”, cuenta Amarilis, mientras da forma a unas bolas artesanales de cacao, aunque con forma ovalada.

 

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Noemí Crisóstomo sólo tenía un sexto grado cuando se casó, a sus 16 años. Vivía en una zona inhóspita en las verdes y frondosas montañas de Altamira, a dos horas a caballo desde el río -afirma-, y la escuela sólo llegaba hasta ese curso. Hoy tiene 38 años, tres hijos entre 15 y 21 años, y es la vicepresidenta de Chocal.

En sus inicios, las mujeres tostaban el cacao en calderos, con leña, pero esta técnica puede echar a perder el producto: si se le pone poco fuego, los granos pueden quedar crudos; si es mucho, se quema, explica Noemí. Por eso, ella dice que el “punto crítico” del proceso de fabricación del chocolate está en el tostado del cacao. Luego, Fundelosa adquirió un local, que fue una discoteca, para la procesadora de cacao, y les llevaron un tostador y un molino.

Al principio, sólo hacían bolas artesanales, tanto de cacao puro como “sazonado” con maíz, avena y especias, que permiten preparar un chocolate más consistente y cremoso, asegura Noemí.

“Todavía vienen los viejos aquí y dicen: ¿ustedes tienen chocolate sazonao?”, apunta.

La USAID trajo al chocolatero suizo Erich Roesli, quien enseñó a las mujeres a transformar el cacao en chocolates que a la vista activan las glándulas salivales y dejan ganas de comer más en el paladar. Hoy hacen tabletas con sabores añadidos, bombones, bolas artesanales y vinos de cereza, chinola, mapuey, jagua y otras frutas que se producen en la comunidad y antes hasta se perdían.

La vicepresidenta de Chocal indica que no todas las mujeres tenían la misma visión y ocho se apartaron de la empresa. Hoy, el grupo anda por las 40 personas, con 22 socias. Cuando terminó el financiamiento de la USAID, les dejaron 110 mil pesos en acciones, cinco mil para cada una.

Para promover sus creaciones, las mujeres asistían a ferias y actividades afines. En uno de esos eventos, ejecutivos del Centro Cuesta Nacional (CCN) conocieron el Chocal y empezaron a comprarles tabletas, que se venden en los supermercados del grupo desde 2013. Entonces, el empacado de las tabletas era igual y para identificar el sabor -naranja, cacao al 70 %, café…- tenían que ponerle otras etiquetas. Pero el CCN les hizo el diseño del etiquetado de las tabletas y el próximo año se ofertarán bombones Chocal en los supermercados, expresa Crisóstomo.

El apoyo de CCN es parte del proyecto Corazón Dominicano, una iniciativa de Orgullo de mi Tierra, que busca impulsar el crecimiento y la mejora de vida de los productores rurales. En Chocal han visto aumentar las ventas en un 50% por los pedidos del grupo.

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El cacao es un cultivo tradicional de Altamira, pero los productores sólo lo vendían a exportadores porque en la comunidad no había una industria que procesara los maravillosos granos. Pensando en desarrollar una fábrica de chocolate, la USAID capacitó a los productores y creó un centro de fermentación para el cacao.

En 2013 el Chocal compró unos 75 quintales de cacao a los productores de Altamira y este año ya van por los 200 quintales. Pero para garantizar que los productores les vendieran a ellas y no a los exportadores necesitaban liquidez en la empresa.

Un domingo de abril de 2013 -día 21- el presidente Danilo Medina visitó de sorpresa a las mujeres del Chocal y les aprobaron un financiamiento por RD$12 millones, de los que ya han desembolsado RD$8, 164,000. Con esos fondos compraron a futuro a los cacaocultores, por un monto de dos millones de pesos.

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El Chocal, proyecto certificado como un Dominican Treasure, les ha cambiado la vida a sus mujeres.

La presidenta de Chocal, Luz Melesia Parra, también se casó a los 16 años. Tiene tres hijos, con edades entre los 19 y los 5 años, los “chocalitos”, como les llaman a sus retoños. Nunca había trabajado hasta que propusieron este proyecto.

Aunque había terminado su bachillerato, Luz cuenta que no podía matricularse en la universidad porque el dinero que gana su esposo no alcanzaba. El año pasado ingresó en la carrera de Administración de Empresas, en Santiago, pensando seguir en la dirección del Chocal.

“Nosotras tenemos que ir creciendo con Chocal porque si nosotras no crecemos junto a ella entonces va a tener que venir otra persona que no sabe cómo se formó esto”, afirma Luz, convencida de que la preparación de las socias debe ir a la par con el crecimiento de la empresa.

Noemí -quien ve al cacao como sinónimo de progreso para ellas y su comunidad- estudia psicología industrial. Mientras las más jóvenes muestran entusiasmo con sus carreras de grado, las mayores -como Amarilis- sienten que dependen menos de sus maridos. Sin el Chocal, no habrían podido.

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