El hombre único destinatario de la salvación divina

padre-santiago Santiago Rodríguez

El hombre, en una primera aproximación, es el destinatario de la revelación y de la

salvación que ésta anuncia y realiza, no su objeto directo. Pero, por otro lado, el

conocimiento de Dios y de la salvación que en Cristo se nos ofrece nos descubre la

definitiva vocación del ser humano, el designio de Dios sobre él, con una profundidad

que de otro modo no nos hubiera sido nunca accesible.

En este sentido el hombre, precisamente en cuanto destinatario de la salvación divina,

se convierte también en objeto de la misma. Sólo a la luz de la salvación que Cristo nos

trae descubrimos a qué estamos llamados y, por consiguiente, quiénes somos: “Cristo,

el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor manifiesta

plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación de

hijo de Dios ” (Vaticano II,GS 22).

La revelación cristiana presupone el hombre y por tanto una cierta idea que éste

tendrá de sí mismo; pero, por otra parte, la novedad de la encarnación del Hijo no

puede dejar de enriquecer e iluminar esta visión. Por tanto, a partir de la revelación el

cristianismo puede, y aun debe, reivindicar una noción propia del hombre, que en

muchos aspectos coincidirá con la que ofrezcan la filosofía y las ciencias humanas y

que deberá enriquecerse con sus aportaciones, pero que poseerá una irrenunciable

originalidad.

El simple dato de que Dios ha creado  “a su imagen y semejanza” cualifica en primer

lugar el obrar divino, y determina a su vez que el hombre sea distinto de las demás

criaturas. El ser humano ha sido creado para existir en relación con Dios, para vivir en

comunión con él, a través de los hermanos.

La fe cristiana nos dice que el hombre no ha sido fiel a este designio divino y que desde

el principio el pecado ha sido una realidad que entorpece la relación con Dios. Pero, en

su fidelidad, Dios nos ha mantenido siempre su amor, aunque le seamos infieles El

mantiene su fidelidad eternamente. Ante esta gran verdad surge la gran pregunta: ¿Por

qué rechazar la redención y salvación que Dios nos ha ofrecido en su amado Hijo

Jesucristo? Sea usted amigo @ lector que reflexione y responda esta importantísima

pregunta.

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