El Dr. Umbert Hart en camino hacia los valles del AARU

El Dr. Umbert Hart murió el  12 de agosto del año 2010, al siguiente día su cuerpo fue sepultado en el cementerio municipal de su amado pueblo natal, Puerto Plata.
Se apagó en la inmensidad de un instante la llama fulgurante de la vida de un hombre de pueblo que pretendió incendiar al mundo de injusticia que le tocó vivir y sobre sus cenizas hacer posible el bien común.  Rafaelito, como muchos le llamamos con afecto y respeto, cabalgó con éxito la carrera de medicina, desde  cuya  grupa combatió calamidades concretas en favor de los demás, sobre todo, de los que más lo necesitaron: enfermos de cáncer, con hernias, con yagas, tuberculosos y  pacientes con diversas afecciones. Fue  un componedor de entuertos, guiado siempre por un sano interés, el de ver unida a la comunidad y a las familias. Llevó a cabo obras filantrópicas. Promovió proyectos sociales para la superación de desgracias provocadas por la naturaleza o de aquellas hijas de la pobreza secular de nuestro pueblo. Fue militar. Perteneció a diversos clubes de servicio, a la masonería, y hasta le alcanzó tiempo y fibra patriótica para sentir en el costado las patadas infringidas contra la patria. Creyó en Dios, y  humilde abrazó su fe  a un  Todopoderoso  justo. El Dr. Hart  vivió su vida a plenitud  y así, a grandes sorbos brindó con quienes tuvimos la suerte de sentarnos en la mesa de su amistad.
Los antiguos egipcios creían que cuando morían las personas pasaban a habitar el inframundo. El difunto debía realizar las llamadas Confesiones Negativas, declaraciones de inocencia ante los dioses que integraban el tribunal de Osiris. Cada espíritu debía comparecer ante ese tribunal  con el objeto de que se pesase su corazón (conciencia y moralidad).  Luego, el corazón era colocado en uno de los platillos de una balanza y en el otro platillo se colocada una pluma, que simbolizaba la verdad. Si ambos valores pesaban igual  el espíritu había pasado la prueba  y obtenía la Duat,  hasta alcanzar los campos  de Aaru, unos valles  siempre fértiles  situados por el Este, por donde nace el Sol.
Si diéramos como ciertas las leyendas mitológicas del antiguo Egipto, convendríamos en  que  en  este momento, en el Inframundo, Osiris estaría presidiendo un juicio para pesar las acciones realizadas por el Dr. Umbert Hart, mientras habitó  esta dimensión terrenal. Los que  fuimos sus amigos y los que lo acompañamos en algunas de esas batallas a campo traviesa,  en las que se arrojaba con energía  para enmendar una injusticia o rescatar a una damisela en peligro, sabemos que en este momento crucial el alma de Quijote de Umbert Hart pesará lo mismo que una pluma, y que a  pasos seguros marchará sin tropiezos hacia los valles de Aaru.

Jp_placido@hotmail.com

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