Discurso del Papa Francisco

Padre Santiago Rodriguez
En esta ocasión amigos lectores quiero compartir con ustedes parte del discurso del Papa en la

reciente visita que hizo en Bolivia. Lo creo de suma importancia y a la vez desafiante para

todos los cristianos y hombres  y   mujeres de buena voluntad.

La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a

unir mi voz a la de Ustedes: tierra, techo y trabajo                                  para todos nuestros

hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena

luchar por ellos.                                                Que el clamor de los excluidos se escuche en

América Latina y en toda la tierra. Así inicia el Papa su discurso

Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que

no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos

y, en general, de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy

ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que

nos hagamos estas preguntas:

¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay

tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas

personas heridas en su dignidad?

¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras                sin

sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios?

¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire

y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?

Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.

Ustedes en sus cartas y en nuestros encuentros me han relatado las múltiples exclusiones     e

injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio.

Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo,

un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo?

Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer

que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global.

¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo,

sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio,                      un cambio real,

un cambio de estructuras.                                                                                                Este

sistema ya no se aguanta, no lo aguantan os campesinos,

no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades,

no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra,

la hermana Madre Tierra, como decía San Francisco.

Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico,

en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero,

porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas

locales.                           La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece

entre los pobres,                            debe sustituir esta globalización de la exclusión y la

indiferencia.

Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y

detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio

de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero

que gobierna. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital

se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez

por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre,

lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo

y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra Casa Común la Madre Tierra. Esperando

que podamos unir esfuerzos para seguir pidiendo y procurando lo que tanto el Papa Francisco

nos reitera. Queremos un cambio de estructura sociopolítica y económica, un cambio de

corazón.

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Periódico de Puerto Plata, vigente desde 1976 llevando la luz que guía la verdad a cada ciudadano. Honestidad. Carácter y confiabilidad nos definen.

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