CUARESMA: TIEMPO DE GRACIA Y BENDICIÓN

PADRE-SANTIAGO 6
Padre Santiago Rodríguez
El miércoles pasado con la imposición de la ceniza en todos los templos católicos se inicia  la

cuaresma, tiempo de gracia y bendición para todos los que confiesan que  Cristo Jesús es

nuestro Señor y Salvación.   La cuaresma tiene su origen, ya que desde la

antigüedad, los judíos solían cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y también, los

ninivitas usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala conducta

desenfrenada a una vida orientada con los mandamientos divinos.

Durante los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la

Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la

comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

Remontándonos más atrás, en el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial

para todos los cristianos, y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas

al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de

año anterior. Esto evoca que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. Aunque

también se tiene pleno conocimiento que esta costumbre fue usada en el período de Cuaresma

para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con

sus 40 días de ayuno y oración.

En el mismo renglón, la imposición de la ceniza hace remembranza que algún día vamos a

morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que

tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos

a llevar a la eternidad.

Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho para Dios y para

nuestros hermanos, nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.  En ese

lapso de tiempo la Iglesia emite unas series de recomendaciones entre los feligreses. Entre

ellas, evitar la hipocresía, la maldad, la violencia, el egoísmo, el odio, el robo, el crimen y la

multitud de palabras de desagradan la presencia de Dios.

En conclusión, la cuaresma es un tiempo de conversión y reflexión de nuestra vida en relación

con los demás, de entender a dónde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento ante

Dios y los demás, saber que tenemos que rasgar el corazón y no las vestiduras y así vivir el

verdadero sentido de estos cuarenta días que nos propone la Iglesia para volvernos a Dios, y

pedirle que nos concedas el perdón y nos haga pasar del pecado a la gracia, de la muerte a la

vida, de la pasión a la Pascua ; y recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”;  o

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.  Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la

Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15. Señor danos la gracia de convertirnos de corazón a ti. Amén.

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