Guillermo y Jesucristo

Es posible que haya sido uno de los puertoplateños amigo, compañero, co- discípulo de la escuela nocturna perteneciente al programa Cultura Popular, que funcionaba en el segundo nivel de la Escuela Antera Mota, bajo la dirección del profesor Félix Sánchez, pero la relación que mantuvimos años antes de entrar a formar parte del alumnado de ese plantel, nos unió por  parentesco, además de coincidencialmente vivir en la misma calle del Ensanche Dubocq, calle 10, donde vivió su abuela doña Naná. No participamos en el mismo grupo revolucionario, no obstante, los enfrentamientos ideológicos que llegaron hasta el antagonismo, las relaciones fueron inquebrantables. Desde los grupos estudiantiles mantuvimos la amistad, además en las labores compartidas de practicantes en una barbería durante el día u ocasionalmente.
Cuando seleccionaron a Guillermo González Vargas para llevarlo a otra parte del país, aprovechando su dedicación, capacidad y lealtad a la lucha revolucionaria, me confió lo sucedido y aunque constituyera un reconocimiento, una premiación, no dejaba de ser preocupante, especialmente porque su labor sería la de orientar a los campesinos. Le aconsejé declinar por su juventud y la continuación de los estudios, él era la esperanza de la familia, además de que al lugar donde iría no era conocido y resultaría sospechosa su presencia para los represivos policías, militares e informantes del régimen de Joaquín Balaguer, que no tomó vacaciones en la persecución de la juventud, principalmente de los revolucionarios.
Con frecuenta nos enviaba notas manuscritas para que las hiciéramos llegar al periódico El Nacional para el que laboramos por más de 12 años, lo que se cumplía con regularidad, llegando a ser los denunciantes por excelencia de las Asociaciones de Campesinos sin Tierras. Solía venir de vez en cuando a Puerto Plata y la última vez, l974, no se detuvo mucho tiempo porque en vez de Tenares, en cuyos campos había sido asignado, sería enviado a San Francisco de Macorís, justamente donde fue desaparecido el 8 de agosto de ese año y pese a las puertas que tocaron amigos y familiares, especialmente su madre Balbina y sus hijos, no conocieron nunca su paradero, lo que se interpretó como que había sido muerto casi de inmediato junto a Pablo Liberato, lo que debe aceptase que lo tenían ubicado, pues no fue apresado fortuitamente. Fue la vida de un gran campesino, consciente del trabajo que había que hacer a favor de los hombres del campo, la revolución y la liberación dominicana del pueblo. Coincidencialmente Guillermo González Vargas, oriundo de Maimón  y Radhamés Almonte, de Sosúa, fueron dos revolucionarios ambos del Movimiento Popular Dominicano (MPD), desaparecidos y muertos en el régimen de Joaquín Balaguer. Recordarlos es presentar la historia a las generaciones de hoy, especialmente a la descarriada juventud que marcha por caminos equivocados con la creencia de que lo están haciendo bien. El acto de recordación debe ser acompañado con la petición de los Ayuntamientos de Puerto Plata y Sosúa para que dos calles sean bautizadas e inmortalizados sus nombres.

admin

admin

Periódico de Puerto Plata, vigente desde 1976 llevando la luz que guía la verdad a cada ciudadano. Honestidad. Carácter y confiabilidad nos definen.

Comments are closed here.

Sociales

A %d blogueros les gusta esto: