Como antiguos pistoleros

Hay informaciones de las que uno lee, ve o escucha, que le traen una extraña pero agradable sensación de bienestar, de felicidad, de alegría, como las que nos produjo el saber que el profesor Rafael Grassals, es el ganador del Premio Nacional de Periodismo.
Nunca hemos estrechado las manos de tan distinguido periodista, pero conocemos de su trayectoria apegado a la ética, no sólo en el ejercicio de la carrera como tal, sino   desde sus cátedras impartidas en diferentes universidades.
Cuando es invitado a algún programa de televisión, a alguna charla o conferencia, usted puede estar seguro que dejará caer el tema que le apasiona: el ejercicio ético de la profesión de periodista.
Es, para el periodismo dominicano un ícono referencial. Pertenece el profesor Grassals a esa generación de periodistas en los que la Ética en el más puro de los conceptos, forma parte intrínseca de sus vidas.
Con sobrada razón, cuando el pasado martes en horas de la noche recibe el Premio Nacional de Periodismo en la sede del gobierno y en presencia del presidente Dr. Leonel Fernández, sostuvo que ”el periodista que pretende ser aplaudido por todos, traiciona su propia profesión.”
Cierto que no hay  papeletas, billetes de cien ética ni de mil ética…es decir, que “con ética no se va a la gasolinera ni al supermercado” dicen muchos. Tal vez usted mismo piense y actúe así. De ahí, que se hable de “persecución a los periodistas” cuando se tratan esos temas y se condenan esas acciones.
Acciones bajas, perversas al usar las credenciales de periodista o comunicador para chantajear, extorsionar y hacer cuanta diablura se ocurra.
Acciones que hacen perder credibilidad que es el valor más preciado en todo buen comunicador. Acciones que manchan el buen nombre de la emisora o periódico donde se trabaje. Acciones que hacen mover el dial y cambiar de programas cuando quienes la cometen participan en los mismos.
¿Persecución cuando lo que se busca es recordarnos que se puede y se debe ejercer un periodismo sano, responsable y digno?
¿Persecución porque al pasar los años ya no somos tan tontos ni lo es la audiencia ni los tele-espectadores y conocen al dedillo el buen y el mal accionar de nosotros?
¿Cómo es posible que nos sintamos con autoridad para juzgar a los demás sean estos funcionarios, políticos, empresarios y sencillas gente del pueblo y adolecemos de la suficiente entereza para reconocer nuestros fallos?
No se sienta “perseguido” si usted no ha asaltado el banco o la diligencia como los antiguos pistoleros del viejo Oeste americano.
ramiro_francisco@yahoo.com

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