El si condicional vs. el miedo a la soledad fuera del poder

Al activo político dominicano, Leonel Fernández, hay que valorarle su consolidación como figura de primer orden, local e internacionalmente, después que el “destino” lo ubicó en la coyuntura política de 1996. Por su esfuerzo, sin duda, al día de hoy es el non plus ultra de los líderes dominicanos actuales.
Pero, en honor a la objetividad, el presidente Fernández ha sido UNO MAS de los actores que han discurrido por la administración estatal; es uno más, tomando en consideración que al igual que éstos, tampoco ha podido desarraigar los patrones endiablados de miseria, corrupción y atraso social del Estado dominicano; ¡discurre equidistante de sus predecesores democráticos!; por lo que, su relevancia, connotación y reconocimiento han de circunscribirse sólo a su poderosa y sostenida consagración intelectual, la que, sin discusión, le ha pautado la emulación de las virtudes que los detractores del Dr. Balaguer, en desapasionados intervalos tuvieron que reconocerle: la de político sagaz, estadista consumado, intelectual depurado y tribuno de ruedos.
No se discute, que ha sido a golpes de consagración, coherencia y hombría, que el Dr. Fernández se le ha impuesto al esquema ortodoxo de su partido. Y es de fácil recordación su primer tramo constitucional, en el que sus correligionarios-específicamente los que se pretendían con vocación presidencial, antes que respeto y admiración, no se concebían representados por ese “muchacho” raro, de metas apuradas y emergido de la aleatoriedad social.
Lo más depurado de la intelectualidad constitucional del país ha razonado que al presidente Fernández le es imposible reelegirse conforme a la actual Constitución. Aún así, varios son los precandidatos presidenciales en su partido, que en impúdica sumisión han condicionado sus proyectos a si éste va o no va. Pero ¿es esta actitud una debilidad o una estrategia política? ¿Es saludable a la democracia y fortaleza institucional partidaria? ¿En el improbable y remotísimo caso de llegar uno de estos condicionados a la presidencia, no arrastraría el lastre de la desconfianza de un segmento importante de la nación?
En el Arte de la Prudencia, dice Baltasar Gracián, que los planetas son hijos brillantes del sol, pero que no compiten con su luz. Y aleccionados estos precandidatos presidenciales “liberales” de esta expresión graciana, a excepción del señor Medina ¡aunque para la ocasión se percibe-por las lecciones anteriores-, que tiene el si condicional en la punta de la lengua!, se han atrevido a hacer públicos sus proyectos, conscientes de que el liderazgo político cimero- como lo acusa hoy el presidente Fernández-, al igual que el poder de la inteligencia humana, es una fuerza imbatible; pero que a diferencia del poder de la inteligencia, el poder del liderazgo político sólo conoce de intereses, de praxis y de egoísmos: pasiones inmisericordes que ejemplarizan a cualquier incauto que se atreva a retarlas.
La guerra prudencial entre el si condicional y el miedo a la soledad fuera del poder, de los prepas precandidatos y el presidente Fernández,-¡en tanto que de proponérselo, de toda facilidad este último se impondría!-, hace inevitable la reedición del caudillismo político en la República Dominicana; apenas desaparecida físicamente la tríada caudillista que normó por alrededor de cuarenta años la suerte política de este país. Situación que truncó la posibilidad, no sólo de emerger, sino, de convivir con otras ideas y liderazgos políticos en ese intervalo enseñoreado.
Ese miedo a la soledad fuera del poder que desorienta a los gobernantes de los Estados precarios cuando se les agota el ciclo, estamos convencidos que en la realidad del presidente Fernández encierra esta perturbadora disyuntiva: fuera del poder de 2012 a 2016, ¿no sería dejar al imperio de la suerte lo que pudiese suceder políticamente consigo?
O si haciendo alarde de la cumbre de su liderazgo, desobedeciendo incluso a sectores de poder de capital importancia en la nación, como el económico y eclesial; y peor aún: desobedeciendo nuestro marco fundamental, ¿estaría el presidente Fernández en actitud de poner en riesgo su liderazgo político-¡que es su activo!- después de 2016, imponiéndosele ahora a una indescifrable e inverosímil reelección?
andresbrito10@hotmail.com

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