Dilema entre la reputación y la imagen

“La imagen se basa en percepciones y la reputación en comportamientos” (Justo Villafañe). Me decía un amigo recientemente: “en nuestro medio hay personas que tienen podridas la imagen y la reputación…hacen esfuerzos enormes por mejorar la imagen…quieren que la gente los vea diferente…tratan de estar en primera fila en cuantos actos públicos, lo hacen llamando la atención, pero es que su historia, la suma de sus actuaciones, sus hechos y comportamientos no los ayudan, porque no sólo hay que parecer una cosa sino ser eso…”la mujer del César no sólo tiene que parecer seria, sino demostrar que es seria.” Pensé, repensé y requetepensé esa reflexión. Busqué y rebusqué en nuestra historia local algunos referentes, siguiendo los caminos trazados por la memoria colectiva y el imaginario común. Y veo ese contraste permanente entre “Parecer” y “Ser”, entre “Reputación” e “Imagen”. Encontré tantos ladrones de imágenes, aquellos que hacen hasta lo imposible para parecerles interesantes a otros, aparentarles tal y como intentan ser vistos por los demás, en una jugada permanente como si desempeñaran un personaje en una obra de teatro. Fabrican una imagen para transmitirla y venderla. Pero gracias a Dios sale el reclamo popular bien sabio: “sino lo conociéramos…”. Por demás, terminan engañándose ellos mismos en un narcizismo barato. Qué bueno, que en nuestro medio la gente ha aprendido a comprarle las historias a los fabuladores y mitomaníacos; les bebe además los tragos, les celebra los chistes, pero siempre guarda cuidadosamente las fichas de las historias mal contadas. Esas historias mal contadas, tienen capítulos completos de robos, violencia de toda especie, despojos, violaciones, seducciones malditas, trasiegos y corridas de medidas y cercas. El maquillaje no sirve cuando la reputación se pudre, aunque nos inventemos festines, orgías y contratemos recuas de lambones y celestinas, para que nos adoren, o paguemos a intelectuales que elaboren discursos para acallar un interior atormentado por ese matrimonio maldito del pasado y el presente. La reputación no se construye sobre la base del dinero y las riquezas. Con toda la fortuna del mundo, podemos construir una imagen, que alguien puede incendiar con un fósforo del colmado, pues la imagen no puede abstraerse del entorno en que vivimos y convivimos y las relaciones que establecemos con los otros. La reputación es una cuestión de acción nuestra y reacción de los otros. En nuestras actuaciones sale lo que somos por encima de lo que aparentamos. La reputación es una marcha lenta (W. Shakespeare); el resultado neto de la interacción de todas las experiencias, expresiones, creencias, sentimientos e informaciones que tiene la gente sobre una persona, la identificación del conjunto de señales creadas por dicha persona en su quehacer cotidiano. La reputación crea una imagen, la construye. La imagen no crea reputación, aunque lo intente por todos los medios, ya que como apunta W. Shakespeare, la vida es como la de un libro, donde los hombres van a leer las cosas extrañas.

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Periódico de Puerto Plata, vigente desde 1976 llevando la luz que guía la verdad a cada ciudadano. Honestidad. Carácter y confiabilidad nos definen.

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