En el municipio de Altamira de esta provincia de Puerto Plata, se puso en marcha un programa novel en el 2008, dirigido a mujeres de la zona rural, pero que compromete a todos los que buscan medios de trabajo para producir recursos que les permita desenvolverse sin las preocupaciones que genera el no depender de nada.
El Proyecto de Diversificación Económica Rural, fue puesto en marcha con recursos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que facilitó alrededor de unos nueve millones de pesos para crear el proyecto Chocolate de la Cuenca del Caribe (Chocal), el cual fue ejecutado por la Fundación de Desarrollo Loma y Salud (Fundelosa), integrando más de 25 mujeres del municipio de Altamira.
Antes de crearse la micro empresa que hoy ayuda a sobrevivir a unas 30 mujeres, todas pasaban el tiempo preocupadas pensando en su situación económica y en cómo mantendrían a sus familias. “Su dolor de cabeza ha mejorado y aunque la situación no es la deseada, al menos tienen la esperanza de recibir unos pocos pero motivadores beneficios que les ha reportado el negocio de hacer y vender golosinas de cacao.”
Por más de dos años las participantes mujeres fueron capacitadas en el manejo del negocio, el mercadeo y la producción, recibieron apoyo en la infraestructura y así pudieron cambiar el equipo para tostar cacao que tenían -que realmente no era un tostador sino un viejo horno de pizza que tardaba más de una hora en hornear -por un horno real que sólo dura entre 20 y 25 minutos para procesar.
“Se les enseñó a detectar segmentos de mercado. De manera, que la chocolatera podrá impulsar acciones de agro y eco turismo que beneficiará a la comunidad,” afirmó Luís González, encargado de la política económica de la agencia, durante el acto de inauguración el viernes pasado.
Aunque cuentan con un taller donde producen y venden los productos, no todas trabajan en el mismo horario. Unas cubren el turno de la mañana, de 8:00 a 12:00 y otras de 2:00 a 5:00 de la tarde. “Tampoco todas trabajan siempre. Sólo cuando la demanda es alta se integran las 30,” detalla Noemí Soto, encargada de Producción. Añadido a esto frente al taller hay una pequeña tiendencita donde se venden los dulces y productos que hacen las mujeres con una gran variedad que incluye dulces de cacao puro, cubiertos de harina, duros y suaves. También se venden licores hechos de frutas que antes eran echadas al ganado pero ahora son destiladas y envasadas.
Se estima que las ventas mensuales ascienden a 50 mil, de las cuales el 50% de los ingresos se distribuye equitativamente entre las trabajadoras y la mitad restante va a la infraestructura y obras sociales para la comunidad.
El programa sólo contemplaba ofrecer ayuda hasta el inicio de las operaciones, de manera que es ahora cuando el reto recién comienza, para lo que están preparadas las mujeres altamirenses.
Asegura el señor Luís González del Proyecto de Diversificación Económica Rural de la USAID, las trabajadoras ya recibieron capacitación en mercadeo y administración. Sin embargo, la prueba real recién empieza con la puesta en ejecución del proyecto.
Es un ejemplo vivo que llama poderosamente a la atención a quienes se dedican a derrochar recursos económicos conscientes de que no serán aprovechados en programas como el que desarrollan las mujeres de Altamira y ratifica que se hace el bien no haciéndoles aportes para mitigar el hombre del momento, sino invirtiéndolos y enseñándoles cómo aprender a hacer un oficio, producir para recibir los beneficios, que con el paso del tiempo vayan paleando la situación económica que causa desesperación en las familias más necesitadas. Se pone de evidencia, asimismo, que no sólo los hombres pueden trabajar, incursionar en negocios para producir, sino también las mujeres que están consciente del rol que deben desempeñar para sostener la familia o contribuir con los gastos al marido y ver llegar el desahogo económico que los conducirá a la liberación de la presión que causa diariamente el no tener segura, por lo menos, la alimentación de los hijos.
Entre los munícipes de Altamira hay una máxima interesante: “el calor es enemigo del chocolate.” La frase es casi un patrón de negocio con el que sencillamente las chocotaleras recuerdan que deben mantener bien refrigerados los productos.
La idea también se aplica a la compra. De acuerdo a sus registros, las ventas aumentan hasta 20% en la temporada de frío, principalmente en los meses de noviembre a enero. “La bola de cacao es lo que más se vende, igual que los vinos, en sus variedades de cacao, cereza y guineo,” explica Josy Esther de la Rosa, encargada de contabilidad.
La cartera de clientes hasta el momento responde casi en su mayoría a puertoplateños, pero según explica de la Rosa esperan que la colocación en 300 puntos de ventas rinda sus frutos en un corto plazo.
La apuesta descansa además en las ferias en las que las delegadas participan y promocionan los productos hechos de cacao orgánico.
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