Corría el año 2004 ó el 2005, ?cuando fui por primera vez a San Salvador. Recién me iniciaba como Observador Permanente ante el Parlamento Centroamericano por el Estado de República Dominicana. Fue un viaje por tierra desde Guatemala para asistir a una reunión organizada por la Comisión Permanente de Municipalidad del Parlamento Centroamericano y la Alcaldía de Santa Tecla. ?Entre los miembros de esa comisión figuraba el ex coronel del ejército salvadoreño Adolfo Blandón, diputado igual que nosotros por ese Estado.
La reunión resultó más que interesante, aleccionadora. La sala capitular? ?de Santa Tecla nos pareció un ejemplo de cómo debe trabajar un Ayuntamiento y cómo debe comportarse un alcalde frente a los ediles, pero más que todo ello, frente a los ciudadanos que los eligieron.
El Ayuntamiento de Santa Tecla había hecho para entonces una labor de rescate de algunos espacios públicos arrabalizados por vendedores de todo tipo, se estaba remozando la ciudad sin generar conflictos lamentables con los afectados. La llamada Sala de la Ciudad agrupaba, además del alcalde y de? los ediles, a los representantes de la sociedad civil organizada: comerciantes, empresarios, vendedores, juntas de vecinos, etc., ?esto es, a todos los sectores? involucrados en la problemática municipal. En otras palabras, se practicaba allí una verdadera democracia participativa, pues la toma de decisiones se efectuaba luego de escuchar los puntos de vista de cada sector.
El conductor de esa política novedosa respondía y aún responde al nombre de Oscar Ortiz, un hombre? de baja estatura, piel morena, delgado, con una sonrisa en la cara todo el tiempo. Le brillaban los ojos cada vez que tomaba la palabra para informarnos ?sobre la obra de gobierno que estaba realizando y sobre los planes futuros que estaba planificando ?ejecutar. Advertí, como creo que lo hicieron todos mis acompañantes, ?que ese alcalde y sus acompañantes estaban enamorados de lo que estaban haciendo y que con tal pasión contagiaban a sus más cercanos colaboradores. Supimos, además, que el señor Ortiz era un ex combatiente del Movimiento Guerrillero Farabundo Martí.
Viendo ?a Ortiz y a Blandón sentados en la misma mesa de trabajo aquella mañana, ?tomé clara conciencia de? la eficacia del PARLACEN. Me pregunté a mí mismo, ¿cuántas veces se habrían tiroteado para darse muerte? Blandón y Ortiz desde trincheras opuestas?
Por la noche de aquel día fuimos recibidos en la casa del colega Blandón, ??uno de los militares de importancia a la hora de combatir al Frente Farabundo Martí en aquella guerra fratricida vivida en la pequeña nación centroamericana en la década de los 80.
Para sorpresa de todos, incluso para el dueño de la casa, a la velada preparada en nuestro honor por el ex militar asistió el alcalde Ortiz, que en un gesto de reconciliación ?aceptó la invitación de su antiguo archirrival. Me dije: en el fondo, quien está propiciando este clima de acercamiento y de concordia es, sin dudas el PARLACEN.
En este mes de agosto ?del 2010, asistí de nuevo a San Salvador para participar de la X1X Conferencia de Partidos Políticos y del Caribe, que celebra ?el PARLACEN ?cada año y, dentro este evento ?tomar posesión del cargo de diputado electo por el Estado de República Dominicana, estado que pasa a ocupar desde ahora plenos derechos y poderes dentro del órgano regional de integración.
Volvimos a Santa Tecla, esta vez ?para recibir, ?junto a todos los delegados de ?la Conferencia, ?una resolución que? nos declaró Visitantes Distinguidos de ese municipio. El alcalde que nos recibió ?es el mismo Oscar Ortiz, con su característica sonrisa y natural hospitalidad.? Ya lleva? cuatro períodos ejerciendo el cargo de alcalde. Según pudimos comprobar, sigue contando con la aceptación mayoritaria de sus compueblanos, a tal punto que ya se le menciona como futuro candidato a la presidencia de su país.
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