“Los hombres por lo regular juzgan más por lo ojos, que por las manos; porque el ver pertenece a todos y el tocar a pocos.” Carlos Fuentes
Myrna Santos
El libro “El Cartel de los Sapos”, que también circula en unos DVDS en todo el país escrito por el convicto, Andrés López López, uno de los protagonistas de los carteles que funcionaron en Colombia durante varias décadas, recoge con lujo de detalles el movimiento interno de estas organizaciones, sus confrontaciones, luchas por el mantenimiento del poder, sicariato, contubernios y corrupción con el poder fáctico, que le dio permanencia y mantuvo su fuerza interna a niveles de tomar el control de todos las instancias públicas y privadas de ese país.
Lo encontré fascinante, porque resume el engranaje que lograron insertar y cómo en la medida en que se respetaron, tanto a nivel territorial dentro de Colombia como en los negocios que fusionaron a nivel internacional, mantuvieron la primacía de sus fuerzas internas; y cómo cuando comenzaron a confrontarse entre sí, fruto de la traición y la ambición, fueron desmigajándose, hasta concluir en una verdadera hecatombe de asesinatos, secuestros e intrigas, que dieron al traste con sus principales cabezas, unos asesinados y otros extraditados a importantes cárceles de seguridad de Estados Unidos.
Aquí en nuestras narices, estamos viviendo ahora algo parecido. Vemos la complacencia que se observa en el desarrollo de una enorme cantidad de capitales, que no pueden justificar sus orígenes. Empresarios exitosos, que ayer eran conocidos como jóvenes de familias muy pobres, hoy exhiben un boato de inversiones cuantiosas en negocios que no justifican su inversión, en grandes residenciales, jeepetas lujosas y el adueñamiento del mercado comercial de la ciudad. Como también vemos jefes militares que con sus sueldos no podrían exhibir adquisiones inmobiliarias cuantiosas y jugosas cuentas bancarias.
Como en Colombia, los capos de la droga que viven y pernoctan en esta ciudad, y en el país, han pasado a ser grandes señores que comparten con todos los estratos de la sociedad y mantienen grandes anuncios en los medios de comunicación, blanqueando el dinero que importan desde Estados Unidos y otros lugares donde lograron manejar el negocio de la droga y sacarle pingues beneficios, para exhibir aquí su boato. Y como en Colombia, son aceptados con el silencio cómplice de una sociedad que se agota.
Como en Colombia también, cuando la elección de Ernesto Samper a la Presidencia de la República, estos capos de la droga local y nacional, financian campañas políticas para comprar impunidades. Y hay políticos locales y nacionales que reciben ese dinero con complacencia y hasta lo justifican. Por eso nunca he creído que haya una verdadera decisión de combatir el narcotráfico en nuestro país, como tampoco determinar quién o quiénes “lavan el dinero”, financiando campañas políticas, estableciendo negocios mediáticos y exhibiendo su opulencia bajo la complacencia y la santificación de los sectores sociales donde comparten su boato.
Todo esto porque la gran burguesía que ha surgido en estos últimos años en este país, arrastra el compromiso con el lavado de dinero. Otrora, en el año 1994-1996, para cortarle el camino al Dr. José Francisco Peña Gómez, el Dr. Vincho Castillo, gran armador de infundios, representante de la clase oligárquica más recalcitrante, se erigió en estigmatizador de la campaña a la Presidencia del Dr. Peña Gómez, acusándolo de contubernio con el narcotráfico, para cortar su ascenso al Poder. No así ahora, donde el Presidente de la República y miembros de su gabinete, tanto civil como militar, se la ha comprobado ligazón a capos internacionales como Figueroa Agosto y el empresario español Arturo del Tiempo Marquez, de la Torre Atiemar, y este señor fabulador, se ha quedado callado, haciéndose cómplice de todos estos turbios manejos del narcotráfico internacional con el poder fáctico del país. Recuérdense del escàndalo que hubo con Nelson Solano, hoy extraditado a Estados Unidos; un joven que hacía vida normal en esta ciudad y que consiguió obras del Gobierno del Dr. Leonel Fernández a través de empresarios, militares locales y funcionarios del Gobierno, que le abrieron el camino en el Palacio Nacional. Fotos hay por montón que atestiguan este manejo doloso.
La mejor lección que se desprende de la lectura de este libro, puede servir hasta de ejemplo para las organizaciones políticas del país, y en especial del PRD; y es que cuando cada sector que converge en un negocio o en un conglomerado respeta las reglas internas institucionales y de convivencia pacífica, ganan todos y todas, y los resultados son halagüeños. Pero cuando alguien quiere hacerse el o la más listo/a, pretendiendo engañar a los/as demás para quedarse con el botín, los resultados son desastrosos y la hecatombe abarca a los que formen parte. Creo que es la mejor enseñanza que podemos aplicar los/as que estamos en la política vernácula. Aprender de los carteles de la droga de Colombia, que mientras estuvieron unidos, fueron invencibles, sin embargo cuando comenzaron a combatirse entre sí, fueron exterminados.
santosm28@hotmail.com
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