Médico traumatólogo ofrece consejos para evitar accidentes dentro y fuera del hogar que dañen los huesos

PUER­TO PLA­TA.- Pre­ven­ción an­tes que so­lu­ción,  ha si­do la mís­ti­ca aco­gi­da por el doc­tor Ra­fael San­ta­na, en su sec­ción de sa­lud de los vier­nes, don­de la orien­ta­ción  pa­ra evi­tar ries­gos o ali­viar ma­les, es pues­ta en el ta­pe­te por ca­da uno  de sus in­vi­ta­dos.
En es­ta oca­sión,  to­có la par­ti­ci­pa­ción del doc­tor Ar­tu­ro Fe­nan­do Pe­le­grín Sil­ve­rio, es­pe­cia­lis­ta en trau­ma­to­lo­gía, quien ofre­ció al­gu­nos con­se­jos res­pec­to al área de su com­pe­ten­cia.
Pa­rá­me­tro A Pri­ma No­che,´´ que pro­du­ce el li­cen­cia­do Au­gus­to Vás­quez,  ce­de me­dia ho­ra de su es­pa­cio ca­da vier­nes, co­mo for­ma di­ver­si­fi­car la ofer­ta a su pú­bli­co pa­ra que ade­más de po­lí­ti­ca, eco­no­mía, de­por­tes y otros as­pec­tos, se ofrez­ca  otro con­te­ni­do de orien­ta­ción pre­ven­ti­va, en una so­cie­dad al­ta­men­te vul­ne­ra­ble a to­do ti­po de afec­cio­nes en ma­te­ria de sa­lud, por ra­zo­nes que to­dos co­no­ce­mos.
He aquí la en­tre­vis­ta…

P.-  Qué trau­mas de­be­mos evi­tar­le a los ni­ños?
R.- En su pe­río­do de va­ca­cio­nes ju­gan­do pe­lo­ta o mon­tan­do bi­ci­cle­tas, es di­fí­cil pre­ve­nir los ac­ci­den­tes en ellos, pe­ro si po­de­mos evi­tar le­sio­nar los bra­ci­tos a los pe­que­ños al  dar­les vuel­tas o le­van­tan­tar­los por las mu­ñe­cas, pues eso
tien­de a de­sen­ca­jar­le  el co­do.
P.- Y qué di­ce de los mo­to­con­chos?
R.- Es un me­dio de trans­por­te im­por­tan­te pe­ro cons­ti­tu­yen la ma­yor cau­sa de frac­tu­ras y mor­ta­li­dad por la fra­gi­li­dad del ve­hí­cu­lo otras ve­ces por im­pru­den­cia.
P.- Cuál es la es­ta­dís­ti­ca de muer­tes de ellos?
R.- No ten­go la ci­fra exac­ta pe­ro los ac­ci­den­tes au­to­mo­vi­lís­ti­cos es la prin­ci­pal cau­sa de muer­te. Se ha ha­bla­do que en el año mue­ren más de 3 mil, lo que se­ría unos 10 dia­rios.
P.- En la ca­sa ni­ños y an­cia­nos tien­den a su­frir frac­tu­ras,  a qué se de­be ?
R.- Las frac­tu­ras vie­nen por ac­ci­den­tes ba­jan­do las es­ca­le­ras,  ca­mi­nan­do en un pi­so mo­ja­do, en los ba­ños y al le­van­tar­se de la ca­ma con la luz apa­ga­da; los ni­ños ge­ne­ral­men­te su­fren más en la mu­ñe­ca pe­ro en los an­cia­nos las frac­tu­ras son a ni­vel de la ca­de­ra. Lo im­por­tan­te se­ría que los ba­ños ten­gan aga­rra­de­ra en la ba­ñe­ra pa­ra evi­tar ac­ci­den­tes, más por los ma­yo­res cu­yos hue­sos se po­nen dé­bi­les por la edad.
P.- Qué es la os­teo­po­ro­sis?
R.- Es una pér­di­da de ma­sa ósea pro­duc­to de en­fer­me­da­des me­ta­bó­li­cas, de la edad, de se­den­ta­ris­mo o no ha­cer ejer­ci­cios, el fu­ma­dor cró­ni­co y el be­be­dor, tien­den a agra­var el de­bi­li­ta­mien­to en los hue­sos  y cual­quier trau­ma los  quie­bra.
P.- Cuá­les hue­sos se rom­pen con más fa­ci­li­dad?
R.-  Con un pa­cien­te os­teo­po­ró­ti­cos hay que te­ner cuen­ta con to­do su es­que­le­to, la ar­ti­cu­la­ción de la mu­ñe­ca, la ca­de­ra, la ro­di­lla, son más pro­pi­cias a rom­per­se.
P.-  A qué edad es más fre­cuen­te la frac­tu­ra por os­teo­po­ro­sis y de qué se­xo?
R.- Las frac­tu­ras por os­teo­po­ro­sis son más fre­cuen­tes en los pa­cien­tes por en­ci­ma de los 55 años, y es más vis­ta en el se­xo fe­me­ni­no por­que la mu­jer tien­de a ser más se­den­ta­ria que el hom­bre, tie­ne pro­ble­mas hor­mo­na­les y así su­ce­si­va­men­te.
P.- Con cuál frac­tu­ra es ne­ce­sa­rio ha­blar de ci­ru­gía?
R.-  Aho­ra ca­si to­das las frac­tu­ras se ope­ran pa­ra ali­near y fi­jar el hue­so, se uti­li­zan pla­cas y tor­ni­llos, co­mo otros ma­te­ria­les.
P.-  Cuan­do una per­so­na ma­yor se cae y hay que ope­rar, cuá­les son las li­mi­tan­tes?
R.-  No hay lí­mi­tes por­que no es un asun­to só­lo del trau­ma­tó­lo­go, aquí en­tran to­das las dis­ci­pli­nas mé­di­cas, el in­ter­nis­ta que ha­ce la eva­lua­ción car­día­ca,  se pre­pa­ra el pa­cien­te  y se po­ne en con­di­cio­nes, la edad no es un lí­mi­te pa­ra ope­rar una ca­de­ra, si el pa­cien­te no se ope­ra y se en­ye­sa po­dría mo­rir en seis me­ses.
P.-  Cuan­do una per­so­na per­ma­ne­ce acos­ta­do bo­ca arri­ba por al­gu­na le­sión cuán­do apa­re­cen las ul­ce­ra­cio­nes?
R.- Cuan­do el pa­cien­te no pue­de mo­ver­se  o pa­rar­se apa­re­cen  ul­ce­ra­cio­nes, pe­ro la in­ten­si­dad de­pen­de de su con­tex­tu­ra fí­si­ca y la ca­li­dad del te­ji­do.
P.-  Hay al­go que la fa­mi­lia pue­de ha­cer pa­ra evi­tar­lo?
R.- Mo­ver a la per­so­na ca­da cier­to tiem­po de un la­do a otro, tam­bién aho­ra hay unos col­cho­nes  de agua con ai­re que se po­nen en­tre el col­chón y el pa­cien­te pa­ra evi­tar que se for­men las úl­ce­ras.

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