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Una mirada de indiferencia que mata la llama de sus ojos, unas críticas que le torturan cada noche, unas necesidades que están lejos de cumplirse, pero sobre todo… una pena en el corazón… ahora les pregunto a ustedes… ¿es un prisionero o un discapacitado? ¡Yo deseo visualizar a unos amigos que creemos que son lejanos, pero son más cercanos de lo que pensamos!

Según el Banco Mundial, el 15% de la población del planeta sufre de algún tipo de discapacidad, y esto sin tomar en cuenta que algunas discapacidades, como el autismo, necesitan ser percibidas por un adulto. Esto es incongruente con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dice que uno de cada 100 niños lo padece.

¿A quién creer?, de seguir la posición de la Organización Mundial de la Salud, en cada colegio o escuela hay al menos tres estudiantes autistas.

La pregunta es: ¿Ese autista sabrá que lo tiene? ¿O siquiera sabrá lo que es el autismo?
Las personas con alguna discapacidad tienen que cargar con una de las mayores cruces de la historia, el desprecio, pues, ¿Cómo podemos procesar que una persona invalida sea aceptada si no aceptamos las diferencias?

Un ejemplo de esto son los celulares, ver un celular con la pantalla plegable u ovalada es muy raro; sin embargo, los tradicionales siguen siendo la regla, lo mismo pasa algunas marcas que, aunque existan celulares mejores, ya es tradición comprarlos por el “status”.

Lo que ellos no sabían sobre las rarezas, en este caso sobre las diferencias por discapacidad, es que ese paralítico distinto era Stephen Hawkins, que ese idiota era Albert Einstein, o que el autista ese era Alan Turing. Eran diferentes… Eran genios.

Ya hemos visto todas estas complicaciones ¿Cómo solucionarlas? Es prácticamente axiomático el hecho de que todo es educable, por ende, propongo cambiar el curriculum escolar en pro de la verdadera inclusión a los discapacitados, tanto física como mentalmente y, además, propongo que sea implementada la ley sobre discapacidad.